Conservación de recursos genéticos

Artículo publicado en la Revista Fruticultura & Diversificación Nº 61. EEA Alto Valle.

Los bancos de germoplasma y su importancia para el rescate de la biodiversidad, en pos de una agricultura sustentable

Desde los orígenes de la agricultura, hace aproximadamente 10.000 años, el hombre aprovechó la diversidad genética mediante la selección de plantas para adecuarse a las condiciones ambientales y satisfacer sus necesidades alimentarias. A causa de la selección de aquellas plantas que mejor se adaptaban a estos requerimientos, su variabilidad comenzó a disminuir.

A partir de 1800, con la revolución industrial, los métodos de producción cambiaron, se facilitó el comercio de los productos agrícolas y se promovió la práctica del monocultivo. Como consecuencia, innumerables variedades tradicionales empezaron a cultivarse de forma marginal o simplemente se dejaron de cultivar, lo que llevó a su extinción.

La pérdida de la diversidad -o erosión genética- alcanzó los niveles más drásticos desde 1950 en adelante. La principal causante fue la agricultura industrial, que promovió el cultivo de grandes extensiones con variedades comerciales uniformes, reemplazando a las variedades locales, a fin de obtener mayores rendimientos, mejor adaptación a la mecanización y rentabilidad.

En la actualidad, gran parte de los cultivos se sustenta sobre el uso de híbridos o clones seleccionados altamente homogéneos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO), desde que el hombre comenzó a practicar la agricultura se cultivaban unas 7.000 especies de plantas, y durante el siglo pasado alrededor del 75% de estas desapareció.

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Publicado en:
Revista F&D de la EEA Alto Valle