Efectos de la ocurrencia de heladas invernales en trigo, centeno y triticale. Campaña invernal 2017

Las diferentes especies y variedades de plantas cultivadas presentan distintos daños ante heladas a la misma temperatura e idéntico estadio fenológico, dependiendo de las condiciones meteorológicas previas. La adaptación a temperaturas frías previo a una helada nocturna se denomina “endurecimiento o aclimatación”. El daño por heladas ocurre cuando se forma hielo dentro del tejido de las plantas, dañando sus células. Los daños por heladas pueden tener un efecto drástico para la planta entera o afectar únicamente a una pequeña parte del tejido, lo cual reduce el rendimiento o deprecia la calidad del producto.

El daño directo por helada ocurre al formarse cristales de hielo dentro del protoplasma celular (congelación intracelular), mientras que el daño indirecto ocurre al formase hielo dentro de las plantas pero fuera de las células (congelación extracelular). Así, lo que realmente produce daño no son las bajas temperaturas, sino la formación de hielo (Westwood, 1978). En consecuencia, la principal causa del daño por helada es la formación de hielo extracelular, que ocasiona estrés hídrico secundario en las células adyacentes. Esto explica la estrecha relación entre plantas tolerantes a la sequía y tolerantes a la congelación.

 

La temperatura de congelación puede variar considerablemente según de la dureza que alcanza el cultivo. No obstante, hay plantas (bastantes plantas C4, hojas de palmeras y plantas de tomate) que tienen poca o nula capacidad de endurecimiento (Larcher, 1982; Olien, 1967). El endurecimiento implica tanto mecanismos de evitación como de tolerancia a la congelación. La acumulación de azúcares o azúcares-alcoholes disminuye la temperatura de congelación de los tejidos (por ejemplo en hojas de olivo y de cítricos). Algunas células pueden endurecer incrementando la proporción de ácidos grasos no saturados de los lípidos de la membrana plasmática, aumentando la estabilidad de esta durante la desecación. Siendo el endurecimiento es un proceso activo que depende del nivel de asimilados en los tejidos, todas las condiciones que disminuyan los asimilados en los tejidos reducirán el endurecimiento. Así, los periodos fríos permiten que las plantas se “endurezcan” contra el daño por congelación, mientras que los períodos de calentamiento actúan en contra, volviéndolas menos resistentes.

 

Las plantas pueden agruparse en cuatro categorías de sensibilidad a la congelación: (1) frágiles; (2) ligeramente resistentes; (3) moderadamente resistentes; y (4) muy resistentes (Levitt, 1980). Las plantas moderadamente resistentes son capaces acumular solutos suficientes para resistir heladas de hasta -10°C, evitando el daño por deshidratación, pero son menos capaces de tolerar temperaturas aún más bajas.

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