Los cultivos y el hombre, viejos compañeros de viaje

Artículo publicado en la Revista Fruticultura & Diversificación Nº 56. EEA Alto Valle.

Domesticación, adaptación y pérdida de diversidad

Vamos a situarnos, por un momento, en el inicio del Neolítico. Acaba de terminar la Era del Hielo y se han producido algunos cambios climáticos. Las tormentas que humedecían el norte de África y Arabia se desplazaron hacia el norte. Los bosques empiezan a aparecer en Europa. Hay evidencias arqueológicas de estepas ricas en vegetación en Siria y Jordania (12.000-11.000 AC) que se vuelven áridas. De a poco el clima se estabiliza y se torna más cálido y favorable1.

Hemos llegado hasta el 7000 AC y viajamos a través de la Mesopotamia asiática. Esta zona que conocemos como la “medialuna fértil” debido a su forma, ocupa unos 4.000-5.000 Km2 desde el este del Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico, y está atravesada por los ríos Tigris y Éufrates. Puestos en este escenario asistiremos a una enorme revolución.

El hombre dejará de ser cazador-recolector para ser agricultor. El nacimiento de la agricultura implicará un gran cambio en la organización social y cultural. El cultivo cíclico de la tierra, el conocimiento de las rotaciones y el barbecho permitirán el establecimiento en determinados sitios durante largos períodos, y los grupos humanos tenderán a asentarse. El sedentarismo implicará cambios sociales importantes, división del trabajo y organizaciones más complejas. La producción genera excedentes, y la población aumenta con rapidez.

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Publicado en:
Revista F&D de la EEA Alto Valle