Torque del duraznero

Una enfermedad a tener en cuenta en un año “niño”.

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Con el retorno de la primavera, las fallas en el control de torque (Taphrina deformans) se evidencian habitualmente de tres maneras: 1) presencia en todo el monte del típico síntoma de hojas deformadas y rojizas, 2) filas enteras con daños intercaladas con filas sin daños, o bien 3) síntomas acotados solamente en algunos sectores de las plantas. En cualquiera de estas situaciones, el fruticultor muchas veces se pregunta: “¿Y qué pasó acá si yo hice el tratamiento?”.

Dicho control es estrictamente preventivo y se basa en la aplicación de polisulfuro de calcio, o de productos cúpricos como oxicloruro de cobre, o eventualmente de fungicidas de síntesis como captan, ziram, o mancozeb; y si se realiza en el estado fenológico oportuno y de la manera adecuada, es efectivo.

Lluvia, frío y yemas que abren
A fines de invierno, durazneros y pelones salen del estado de reposo vegetativo y sus yemas comienzan a hincharse y abrirse dejando expuestos tejidos nuevos, tiernos y susceptibles de ser infectados. Es entonces cuando en presencia de inóculo y bajo condiciones de lluvia, llovizna, rocío y de tiempo fresco, el hongo ataca y hace lo suyo. Por este motivo el tratamiento debe realizarse apenas empiecen a hincharse las yemas o inmediatamente después, pero siempre antes que se den esas condiciones climáticas. Este aspecto es central considerando que atravesamos un período húmedo propio de un año “niño” que favorece la incidencia de enfermedades no sólo en zonas frutícolas históricamente más húmedas como Río Colorado o Valle Medio, sino también en áreas como Alto Valle.

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Publicado en:
Revista Fruticultura & Diversificación Nº 77