12 de Agosto de 2020
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Boletín DNTyE. Entrevista a Daniel Diaz - 30 años de ProHuerta. Una Gesta

Daniel Diaz fue coordinador de ProHuerta desde su creación en 1990 hasta 2006. Define al Programa como una gesta, un hecho o conjunto de hechos dignos de ser recordados, como resultado de gran esfuerzo, valor y que alcanzan trascendencia.

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Los comienzos

Prohuerta se inicia muy vinculado a la crisis hiperinflacionaria del 89, que generó un colapso en el abastecimiento alimentario para los sectores más vulnerables de la población. A principios de los 90 esta situación persistía. “En enero del 90 me avisan que el INTA estaba dando forma a un programa de huerta y granja. Se me convoca desde el INTA y me piden hacer en tiempo “récord” un proyecto. Había expectativas de que hubiera financiamiento del entonces llamado Ministerio de Bienestar Social, que se iría a producir en el mes de marzo.”

El pedido al INTA para diseñar el proyecto fue realizado por la Secretaría de Agricultura, que en ese momento estaba a cargo de Felipe Solá. El primer esquema de lo que después iba a ser Prohuerta se hizo con formato de Proyecto Integrado, teniendo en cuenta los antecedentes sobre el tema. “Había trabajado previamente en investigaciones, en el entonces Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires, sobre la evolución del consumo de alimentos en Argentina. Dentro de las conclusiones que salieron, lo que se veía era que, en los sectores más vulnerables de la población, la baja del consumo de frutas y hortalizas era muy marcada, y que ello tenía consecuencias en la salud de las familias”.

En marzo del 90 cambió el ministro de Bienestar Social y el financiamiento que iba a tener el proyecto se “evaporó”. “Ahí es donde ocurre una situación muy importante: las autoridades del INTA deciden, de todas maneras, seguir adelante. Se resolvió continuar con el proyecto de acuerdo con las capacidades presupuestarias que tenía el INTA.” Se estableció la progresividad del proyecto:  se iba a implementar en aquellas Estaciones Experimentales, Agencias o, si se daba el caso, en Centros Regionales que quisieran llevarlo adelante. La adhesión era voluntaria. “Yo era como un “viajante”, yendo de un lado para el otro, tratando de dialogar con los directores de Centros Regionales y Estaciones Experimentales para explicarles de qué se trataba el ProHuerta y si estaban interesados en formar parte”. El proyecto iba a continuar en la medida que no generara una complicación política a la institución, ya que estaba destinado no solo a pequeños productores sino mayormente a población urbana en situación de pobreza, que no era, hasta ese momento, sujeto del accionar del INTA. Ello implicaba, además, que la institución tuviera que establecer vínculos con nuevas instituciones, con las que nunca había articulado previamente, por ejemplo los municipios, lo cual era un desafío que era percibido como riesgoso. 

Objetivos y Lineamientos

ProHuerta se sostuvo en algunas experiencias previas del INTA como el caso de Hogar Rural, orientado a la familia rural y se planteó desde su origen como una iniciativa de seguridad y soberanía alimentaria. “Sus objetivos eran mejorar la condición alimentaria de familias en situación de pobreza, complementar la alimentación a través de la autoproducción de alimentos, promover una dieta más saludable, compuesta por alimentos más variados y de mejor calidad, mejorar el gasto familiar en alimentos e incrementar la participación y organización comunitarias para resolver los problemas alimentarios”. Se establecieron una serie de lineamientos: promover el programa, capacitar a los agentes multiplicadores (figura que se concretó a través los promotores voluntarios locales), brindar asistencia técnica sistemática, y proveer insumos biológicos (kits de semillas para huerta, entrega de pollitos y plantines de frutales, entre otros). “Por la falta de experiencia previa del INTA en las ciudades tuvimos que iniciar el programa a dos “bandas” o bien bajo dos modalidades, por una parte desarrollando ProHuerta en áreas rurales y pequeñas poblaciones, y por otra en grandes ciudades”. 

Nace el Programa

El 3 de agosto de 1990 se firma el “acta de nacimiento del programa” mediante Resolución N° 239 del Consejo Directivo del INTA. Se comienza con la participación de los Centros Regionales Buenos Aires Sur y Santa Fe, las Estaciones Experimentales de Trelew, Mendoza y San Juan, la Agencia de Extensión de Villa María (Córdoba) y el Gran Buenos Aires (a cargo de la Coordinación nacional de ProHuerta). “En la propuesta técnica del Programa nos “jugamos fuerte” por la huerta orgánica o agroecológica, lo que generó no pocas discusiones “puertas adentro”. Pero estábamos convencidos de que el modelo debía ser ése, en base a cuestiones conceptuales y prácticas. Íbamos a trabajar con gente muy pobre, entonces teníamos que generar un modelo de huerta que fuese a costo cero. Debíamos producir los alimentos con lo que había “del alambrado para adentro” y si debemos fertilizar hagamos abono, a partir de la compostera (residuos domiciliarios compostables, algo de tierra, paja, entre otros)”.

Otro aspecto que se consideró fue que, si se manejaban bien las rotaciones y las asociaciones de cultivos, podía mejorarse la diversidad de cada huerta y la calidad del suelo. “Contar con un modelo que permitiese, a través de la capacitación y el acompañamiento técnico, que el suelo fuera mejorando en su calidad, que sea biológicamente rico”. También se tuvo en cuenta que la huerta estaría muy próxima a la vivienda de las familias y que, además, se trabajaría con niños en las escuelas, por lo que se decidió prescindir de agroquímicos u otros productos de síntesis porque resultaba riesgoso.

“Para nuestra sorpresa, en los inicios, los más reticentes en aplicar el modelo fueron algunos profesionales. Quien recibía la propuesta técnica muy abiertamente fue la gente. Junto a la huerta orgánica intensiva propusimos otro modelo: la chacra, una asociación de tres cultivos (maíz, zapallo y poroto), que es la “milpa” de las culturas de América Central y en las culturas andinas”. 

En crecimiento

El programa comenzó a tener “buena recepción” en medios de comunicación nacionales y regionales. “Se fueron sumando Unidades del INTA y Centros Regionales”. Con respecto a las semillas se buscó aquellas que se adecuaran a las características que el ProHuerta estaba promoviendo. “Cuando estábamos avanzado en los primeros pasos encontramos que la Federación de Cooperativas Agropecuarias Limitada de San Juan (FECOAGRO) estaba comenzando a producir semillas. Así que les adquirimos unos cientos de kits, después fueron unos poquitos miles. Pedimos confeccionarlos en función de las distintas semillas que habíamos calculado para una huerta con una superficie de aproximadamente cien metros cuadrados. La condición era que fuesen variedades y no híbridos y que las semillas viniesen sin tratamientos químicos. Cuando el programa toma más importancia la compra se hizo por licitación pública”.

Con el avance del programa se empiezan a firmar los primeros convenios con otras instituciones, como municipios (Ciudad de Buenos Aires, Rosario, Moreno, etc.), y otras organizaciones locales. “Era importante trabajar con todas las instituciones locales para llegar a la gente que necesitaba de ProHuerta. El programa era “auto focalizado” porque nunca ofreció dinero. Ofrecía capacitación, asistencia técnica, y sólo podía concretarse con el trabajo y compromiso de la gente. “ProHuerta tuvo un control social desde el vamos. Además del INTA, las organizaciones locales velaban por la implementación y arraigo del programa. En este marco, comienzan a aparecer los promotores voluntarios de las comunidades y los institucionales (agentes municipales, de salud, maestros). “El mensaje era vamos a hacer un pacto de caballeros. Nosotros nos comprometemos a darles la capacitación, la asistencia técnica y las semillas. El compromiso de ustedes es ver junto con nosotros cómo nos organizamos localmente para poder implementar el programa. Cómo capacitar, aportar los insumos, hacer acompañamiento. Que ustedes y las familias se comprometan a capacitarse y cultivar”. La otra cuestión que hizo a la “mística” del programa tuvo que ver con la utilización de la pedagogía crítica, lo que llamamos “construcción conjunta del conocimiento” como relación permanente entre los saberes locales y los conocimientos técnicos y  horizontalizar así el conocimiento y los vínculos. “Ni yo sé más que vos, ni vos sabés más que yo, de ahí sale la idea de ProHuerta como un ámbito donde todos tenemos algo que aportar y donde todos tenemos algo que aprender”

La figura del promotor fue y es “el” eje clave del Pro Huerta. Son quienes quien llevan al técnico a la comunidad. Ésta abre sus puertas gracias a los promotores. A su vez los promotores son representantes y referentes de las comunidades en el programa. “Yo les decía los “magos solidarios” porque con poco y desde lo pequeño podían hacer y -de hecho- lograban grandes cosas”.  

La Consolidación 

Entre fines del 91 y principio del 92, el Ministerio de Bienestar Social crea el Programa Federal de Solidaridad y convoca al ProHuerta. La “buena prensa” que tuvo el programa favoreció la solicitud. La propuesta fue ver qué podía hacer el ProHuerta si se buscaba ampliarlo a todo el país. “Nosotros les dijimos que nos indicaran por dónde consideraban empezar y qué posibilidades teníamos de expandir el proyecto. Nos hicieron un primer desembolso de 100 mil dólares e invertimos ese dinero en kits de semillas; a los seis meses pasamos de 10 mil a 40 mil huertas”. Cuando desde Bienestar Social vieron los logros obtenidos, en el siguiente semestre se pasa de 100 mil a 1 millón de dólares. “Ahí es cuando se involucran todas las Unidades del INTA y se empiezan a contratar técnicos específicos para el programa”. 

Cuando el INTA aprobó ProHuerta se consideraba un proyecto transitorio, que iba a durar tres años, pero duró mucho más. Los problemas que se dieron en el inicio de su implementación fueron el escepticismo y algunos preconceptos. “ProHuerta fue pionero en el vínculo con los municipios y organizaciones locales de la sociedad civil, algunas vinculadas a la iglesia y a la educación. Fue pionero en incorporar la perspectiva de la seguridad alimentaria y de la agricultura orgánica o agroecológica a nivel institucional. El principio no resultó fácil, había que demostrar que lo que se hacía era bueno, que daba resultados tangibles y velar por que no se desvirtuaran los objetivos. Fue duro. Por eso toda la generación de técnicos del INTA y contratados que se pusieron al hombro la tarea de dar forma a ProHuerta en aquellos primeros años merecen un reconocimiento particular, porque hubo que avanzar sobre terreno desconocido, por momentos adverso, y aun así supieron construir espacios, aprovechar oportunidades y obtener logros perdurables. Concibo a ProHuerta como una suerte de “construcción colectiva”, sostenida por una fuerte comunión de valores y convicciones -que incluyen a la ética-; donde la memoria, la humildad y el agradecimiento hacen también a su identidad y trascendencia.

Los Logros

Entre los logros se puede mencionar que el programa se implementó en todo el país: presente todos los departamentos provinciales, hacia 2005 ya alcanzaba casi dos mil municipios con los que se trabajaba en conjunto. Otro aspecto importante fue que la trama interinstitucional que se conformó, absolutamente inédita para el INTA y para muchos organismos nacionales. Todo ello organizado a partir de una alianza estratégica permanente entre INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (MDS), que incorpora al programa en el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria en 2003. Además, el “buen suceso” del ProHuerta trascendió las fronteras. “Hubo interés de organismos internacionales. A mediados de los 90 es requerido para ir a Armenia. Estuvimos allí dos años, se produjeron más de mil huertas y se tradujeron los materiales al idioma de ese país. En 2001 se nos solicitó desde Panamá para conformar un programa equivalente en ese país; otro tanto ocurrió con Colombia y Bolivia. En el año 2005, Argentina es convocada, a través de Naciones Unidas, a colaborar con la pacificación y desarrollo de Haití, mediante la participación del INTA, Ministerio de Desarrollo Social y Cancillería. Esto dio lugar al programa Pro-Huerta Haití, que tuvo más de diez años de duración, y que alcanzó a cerca de 300 mil personas en todos los departamentos del país. Se llegó a trabajar con un equipo de casi 30 técnicos haitianos y contar con el aporte de 8 cooperaciones internacionales (principalmente de Canadá, España y Unasur). La experiencia en Haití le valió a nuestro país un premio de Naciones Unidas. Después se iniciaron proyectos con Guatemala y Mozambique y comenzaron los cursos internacionales en Argentina, para técnicos de América Latina y el Caribe, y África (con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, INTA, Cancillería y JICA) para el diseño de programas equivalentes a ProHuerta. Sin duda, lo que fue, en un comienzo, un proyecto a corto plazo se convirtió en un camino de crecimiento y cooperación. Ya no caben dudas de que el programa llegó para quedarse.            

                                                                    

    

 

Referencias

Personas involucrados
Áreas geográficas alcanzadas
    • Argentina