15 de Diciembre de 2015
Artículo de divulgación

Huerta agroecológica del Pequeño Cottolengo Don Orione

Artículo presentado en el Seminario a distancia “Soberanía Alimentaria. Nuestra alimentación en la lupa”; organizado por la Universidad Nacional de La Plata

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Huerta agroecológica del Pequeño Cottolengo Don Orione

 

La huerta está en la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco. Es la segunda ciudad luego de Resistencia (Capital de la provincia) en cantidad de habitantes: 100.000.

 

El pequeño Cottolengo Don Orione fue parte de la obra junto a Escuelas e Iglesias creadas por Don Orione en Sáenz Peña, comenzó hace casi 80 años atrás. Se fundó en 1959 con el objetivo de dar respuesta humana y cristiana para muchas personas con discapacidad necesitadas de un espacio existencial, mejorar su calidad de vida, dar amparo a niños y adultos que viven en situación de abandono y desamparo, dignificar y devolver humanidad. El Fundador lo llamaba "faro de civilización", luz testimonial en la construcción de un mundo más justo e incluyente.

Este pequeño Cottolengo es un auténtico proyecto de inclusión social, regido por la convicción de que no puede haber personas desechables, ni vidas sobrantes. Se suma a la articulación de esta experiencia el Programa ProHuerta que en el año 1990 se crea como política pública[1] y con el objetivo inicial de que los sectores más vulnerables tuviesen acceso a una alimentación adecuada, produciendo sus propios alimentos. Actualmente, promueve las prácticas productivas agroecológicas para el autoabastecimiento, la educación alimentaria, la promoción de ferias y mercados alternativos con una mirada inclusiva de las familias productoras.

La huerta agroecológica comenzó a funcionar en el año 1998; fue la inquietud de una maestra especial, María Sadañoski, que convocada por un Tec. del INTA, Juan Tannfeld, empezó de manera periódica a construir la huerta. Desde entonces trabaja allí, junto al incansable aporte cotidiano de 20 personas (mayores de edad) que tienen alguna deficiencia en el aprendizaje y viven en el establecimiento. Ellos riegan, sacan yuyos, cortan, trasplantan, limpian, se organizan para trabajar 3 horas por la mañana de lunes a viernes. María dice “si todos los habitantes de este país trabajan como ellos, seríamos un país riquísimo (…) ellos todas las mañanas preguntan: ¿qué hago yo?”.

Una huerta agroecológica significa tener el eje en la conservación del ambiente y el desarrollo sustentable, relacionando la producción con el clima, el agua, el suelo, la siembra, los cuidados y mantenimiento, el control de plagas y enfermedades, y la plantación y cuidados de los frutales.

Allí producen según la época: hortalizas, lombricultura, pollos, huevos (tienen criadero), cucurbitáceas, hacen dulces con algunos frutos (mango, mamón, tuna, pomelo, mandarina).

La huerta la mantienen ellos y los productos los consumen como alimento en su comedor y los excedentes los venden al público, en la vereda propia del Establecimiento. También tienen desde hace un poco más de 10 años una granja con aproximadamente 800 gallinas ponedoras y 100 pollos camperos, de ahí venden los huevos y pollos para asar. Lo que ganan de esta venta les ayuda para comprar insumos, cosas menores. El leit motiv de este emprendimiento es mayormente de integración, de aprendizaje, de bienestar mental y físico, y de resistencia al sistema arrasador que es el actual en algo pequeño y vital como el derecho de poder comer la comida que uno mismo produce orgánicamente (sin pesticidas).

Contadas veces recibieron ayuda para mantener la huerta en infraestructura e insumos por parte de otras instituciones que no fueran ProHuerta, INTA, el Municipio, la iglesia católica y alguna que otra donación particular.

Cualquier visitante que quiera conocer la experiencia visualizará la organización en las tareas (hay responsable por cada sector), respeto de todos los que trabajan allí, de los tiempos, de la limpieza que reina. El asesoramiento técnico lo reciben de Juan Tannfeld, sin embargo, los mismos responsables de la huerta ya están capacitados para analizar y actuar frente a alguna enfermedad, plaga o algún desperfecto o rotura.

“La integración de diferentes patologías y edades ayuda a la complementariedad entre ellos y fomenta el don de la generosidad que ya está en ellos, en especial en las mujeres que a pesar de tener alguna patología tienen ese deseo de donarse, de dar vida. La mayor riqueza se da en los residentes, les hace mucho bien el cuidado que hacen a las personas, a las plantas y los animales y, a su vez, ellos hacen mucho bien a los demás.” Hna. Eliana

María expresa: “empezó como algo en qué ocuparnos, lo tomé primero como un hobby y luego creció y nos pusimos a estudiar y trabajar seriamente, es necesario para los chicos también que haya compromiso. Ellos han crecido mucho en integración y evolución como grupo”.

El obstáculo principal que comparten es que hacen falta algunas personas que ayuden en la infraestructura, cuando algo se rompe, o se hace viejo, o hay que podar alguna planta demasiado alta. Tal vez, falta reconocimiento.

En esta experiencia queda en evidencia la práctica del derecho a alimentarse: ellos tienen acceso a los alimentos que comen y ellos construyen día a día ese derecho. Los productos son parte de un fenómeno social y cultural, de un grupo de gente que se organizó para interactuar, comprometerse y respetar. Además, lo que consumen aporta a una alimentación segura y sana (tienen control sobre los aspectos higiénico-sanitarios, en especial, en el sector avícola).

Por otro lado, podemos leer la experiencia advirtiendo algunos de los principios de la agroecología: La diversificación  espacial y temporal (de especies, variedades), mejoran la materia orgánica y  estimulan la actividad biológica, realizan un uso del agua controlado, practican la cobertura del suelo, por ende, cuidan el suelo y el medioambiente. Controlan y previenen de enfermedades y plagas (realizan manejo integrado de plagas).

Sus ganancias son que poseen más autonomía, promueven el conocimiento compartido, aportan a la sostenibilidad (en un nivel micro). Sumado a esto, condice con la noción encadenada de Soberanía Alimentaria de producir, de comercializar, de distribuir, de consumir los alimentos que ellos mismos poseen. Y me arriesgo a afirmar que realizan un consumo solidario que a fin de cuentas es una práctica del bienvivir colectivo.

 

Fuentes de información:

http://www.institutodonorione.edu.ar/

http://uep55.cha.infd.edu.ar/

http://prohuerta.inta.gov.ar/

Manual de Huerta Agroecológica en el cual participaron como parte de los casos reales de información y análisis.  http://inta.gob.ar/documentos/huerta-agroecologica

Entrevistas a la Hermana María Eliana Lupo, de la Congregación Don Orione, Directora del Pequeño Cottolengo en S.Peña; a María Sadañoski, Maestra especial y promotora de ProHuerta; y a Juan Tannfeld, técnico del INTA y de Prohuerta en el Cottolengo.




[1] Implementada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Referencias

Personas involucrados
Áreas geográficas alcanzadas
    • Argentina
    • Chaco
    • Presidencia Roque Sáenz Peña