21 de Febrero de 2017
Revista

Los Residuos de la Industria Sucro-Alcoholera Argentina

Perteneciente a la Serie Gestión de residuos de la industria sucro-energética argentina. En los diferentes capítulos, describe la situación actual de la caña de azúcar en Argentina, el proceso agrícola e industrial del cultivo y los residuos agrícolas e industriales de la cadena sucro-alcoholera.

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Un inédito trabajo del INTA (Saez et al. 2012) estimó la extracción de macronutrientes realizada por distintas variedades de caña de azúcar en Tucumán con detallados muestreos de materia seca realizados durante cuatro campañas agrícolas consecutivas (2008-2011).

Los resultados muestran que anualmente, solamente en tejido de tallo se habrían exportado de los suelos cañeros 15.000 toneladas de nitrógeno, 6.250 de fósforo, 36.000 de potasio, 6.000 de calcio y casi 3.000 toneladas de magnesio en toda la cosecha de la provincia.

En el campo, deberían haber quedado en el tejido de la maloja 10.000 toneladas de nitrógeno, 9.500 de fósforo, 16.000 de potasio, 7.500 de calcio y aproximadamente 2.000 toneladas de magnesio por año.

Al mismo tiempo – sostiene el trabajo- cuando un productor que, por ejemplo, cosecha 80 t/ha de caña de azúcar (equivalente a 35 t de materia seca) que genera 11 t/ha de RAC y decide quemarlo, está perdiendo como mínimo 51.6 kg de N –equivalentes 100 kg de urea-, por cada hectárea con ese rendimiento. Paradójicamente ese nitrógeno debe reponerse todos los años aplicando fertilizantes sintéticos.

Queda entonces planteado el interrogante: por más ricos en nutrientes que sean los suelos, ¿es sostenible este tipo de manejo del cultivo y de proceso industrial?; ¿por cuánto tiempo?

En este marco, los residuos ya no deberían denominarse de tal forma, y tal vez podría llamarse mejor subproductos, a los cuáles debería buscársele un provecho cada vez mayor. El destino prioritario debería ser devolver a los suelos los nutrientes que se extraen con las cosechas a lo largo de estos casi dos siglos de actividad cañera.

Hemos visto que un porcentaje no conocido de la cachaza efectivamente se reincorpora a los suelos de los ingenios, lo que podría constituir una transferencia de nutrientes -no valorizada- desde las fincas de los productores independientes.

También hemos consignado que la mayor parte del bagazo queda en los ingenios para generar energía en las calderas y una parte se destina a la fabricación de papel.

En cambio, no está resuelto (salvo honrosas excepciones de ingenios/destilerías de Salta y Jujuy) el destino final de las vinazas, y el problema de la quema del RAC sigue siendo muy importante, principalmente en Tucumán.

Si consideráramos los principales residuos/subproductos (RAC, cachaza y vinaza) podría estimarse el potencial de reciclado de nutrientes si se incorpora al suelo.

También son significativos los potenciales impactos en términos de mejora de la eficiencia energética y la reducción de la emisión de GEI de la cadena en su totalidad. La fertilización nitrogenada con la que anualmente debe compensarse (apenas parcialmente) la extracción de nutrientes; sumada a la quema, como práctica auxiliar de la cosecha de caña tienen un impacto fundamental en los balances energético y de emisiones (Acreche y Valeiro 2013).

Sin embargo, es cierto que las implicancias prácticas de concretar un proceso de este tipo estan lejos de ser resueltas, sobre todo cuando la rentabilidad sigue primando como objetivo, por sobre las consideraciones ambientales.

El inicio de un camino posible, es comenzar a valorizar estos recursos y reconocer esos valores en las transacciones económicas del sector. Está dicho que el bagazo, por ejemplo, es el residuo que queda luego de la molienda de los tallos de caña. El productor recibe por su caña un precio en base al contenido de azúcares del jugo que se extrae de esos tallos. Pero por el bagazo, que se transforma luego en energía o papel, no hay ningún tipo de reconocimiento económico hacia los agricultores -y los suelos- que produjeron esa caña.

Por otro lado, en la medida en que un ingenio/destilería realiza un “servicio” de fabricación de azúcar para el productor, tal vez podría también pensarse en que cada agricultor se hiciera responsable por el destino de los residuos que dicha actividad genera.

¿Por qué no imaginar que cada productor cañero retire de la fábrica la cachaza, el bagazo, y/o las vinazas provenientes del procesamiento de su caña y las dispongan nuevamente en sus suelos?, ¿o que paguen por un servicio de disposición final?

Claramente, en la medida en que los residuos se vayan conviertiendo en subproductos y cobrando valor, las amenazas ambientales se irán convirtiendo en oportunidades.

Referencias

Áreas geográficas alcanzadas
    • Argentina