10 de Mayo de 2021
Noticia

Adolfo Paganini: El INTA para mí fue una vocación

Después de 42 años de servicio, Adolfo Hernán Paganini recibe el beneficio de su jubilación. Un repaso desde sus inicios como becario de iniciación en INTA San Pedro a sus pasos por la Jefatura en la Agencia de Extensión Rural de Zárate y su rol como extensionista, en la voz de un profesional de la agronomía que supo ganar el cariño de la gente.

Adolfo Paganini se jubila luego de más de 40 años en la institución
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“Sus conocimientos técnicos, su aplomo y su experiencia colaboraron a desarrollar en la región los adelantos técnicos y agronómicos de la época gracias a su incansable tarea de extensión que resultó en la significativa mejora de las más diversas producciones”, así describen algunos medios de comunicación zarateños el trabajo que llevó adelante Adolfo Paganini como Jefe de la Agencia de Extensión Rural de Zárate desde la década del 80 hasta la actualidad.

El homenaje que destaca su profesionalismo, predisposición y calidad humana no se hizo esperar el día que el ingeniero anunció su jubilación el 30 de abril en 2021, vislumbrando la celebración del Día Internacional del Trabajador. Y seguramente sin la pandemia, el asado y las empanadas tampoco se hubieran hecho esperar para este ingeniero amable que nació en Mercedes un 12 de noviembre de 1953 y se crió rodeado de productores agropecuarios. Su padre, Pedro Paganini, era un típico agricultor chacarero, pequeño productor mixto de la zona rural entre San Andrés de Giles y Mercedes, ciudades en las que transcurrió su infancia y adolescencia de la mano de su madre Ester Martinelli, hija de inmigrantes italianos que también provenían del sector rural. Así es que de esa fuerte ligazón al quehacer agropecuario y lo rural, emergió su elección de estudiar Agronomía en la universidad.

De aquellas épocas felices destaca los valores de la gente de campo, el caballo y la bicicleta como medio para ir a la escuela, y los bailes en una vieja estación de algún Paraje rural. “La palabra era la palabra y tenía un valor incalculable. Se vivía en comunidad y la gente de campo transmitía tranquilidad… en mi formación y conformación espiritual dio lugar a que hoy sea lo que soy, y de lo que debería ser en la vida… lo más saliente que me marcó mucho fue la gente; un derrotero que lo sigo conservando, un privilegio, y lo destaco también relacionado a mi trabajo en el INTA, ya que es estar al servicio de la gente. Me llevo su cariño y reconocimiento basado en esos orígenes rurales que me vieron transitar y crecer junto a la luz de un farol, luego con los grupos electrógenos consolidándose más tarde con la llegada de la corriente eléctrica”.

La carrera de extensionista
Vivió en el campo hasta que decidió estudiar Agronomía. Obtuvo el título de Ingeniero Agrónomo en 1978 en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata y regresó a San Andrés de Giles donde surgió una posibilidad laboral en una Agronomía. Luego participó junto a 400 postulantes de un concurso de becas de iniciación para graduados en el INTA, en la que quedó seleccionado tras rendir un examen en Castelar. “Me había postulado para la EEA San Pedro en el sector de Extensión y tuve la suerte de ganar ese concurso, por lo que a mediados de julio de 1979 ingresé junto a 9 compañeros… 2 éramos para las Agencias que dependían de la Experimental, así que tuve un año de entrenamiento con los distintos servicios que brindaba la institución; pasé también por AER San Nicolás que me permitió adquirir experiencia; y por aquel entonces también fue oportuno participar del Censo para evaluar el potencial productivo en la zona costera norte de Buenos Aires, que organizaba el Mercado Central de Buenos Aires, dado que adquirimos experiencia con las salidas a campo para el relevamiento”, cuenta entusiasmado y añorando esa etapa de su vida con un gran sentido de amistad que aún perdura.

Luego de aquel período de aprendizaje y reconocimiento institucional de lo que se hacía en cada sector de la EEA y las vistas estilo pasantías en las agencias; en la década del ’80 fue designado a la Agencia de Extensión Rural de Zárate en la que permaneció, con algunas interrupciones, hasta la actualidad. Allí se desempeñó como Jefe de esa unidad, agente de Proyecto de Cambio Rural, y en 2011 fue nombrado como Coordinador del territorio Costa del Paraná. “La verdad fue una etapa muy linda en la que conocí lo que era el INTA. Es una gran fortaleza y fue muy positiva esa etapa de aprendizaje y capacitación que luego trasladamos a nuestro terruño y área de trabajo específica. Al llegar a la AER Zárate me encontré con un profesional agronómico que se estaba yendo, por lo que tuve que ir conociendo la problemática y la gente del sector a partir de vinculaciones personales”, recuerda Paganini haciendo una pausa reflexiva y afirma: “El INTA más que un trabajo, para mí fue una vocación; realmente siempre lo interpreté así. Cada día que me levantaba para ir a trabajar lo hacía con mucho gusto; siempre tuve un sentido de pertenencia. Y creo que más allá de la gente que lo conduce, está la institución que me permitió capacitarme, desarrollarme profesionalmente, trabajar en libertad en un ámbito de plena articulación, con buenos compañeros de trabajo, con organismos e instituciones”. Con el foco bien puesto en las vinculación con el medio expresa: “Mi trabajo fue un pilar que se constituyó en un medio y un modo de vida que me permitió crecer profesionalmente y también me dio lo medios económicos para formar una familia... creo que lo más importante es haber conformado un sistema de grandes amistades y compañerismo no solo hacia dentro de la institución”.

Adolfo se especializó en manejo tecnológico de cultivos agrícolas extensivos con gran dedicación al manejo de ensayos de experimentación adaptativa y capacitaciones técnicas. Supo adaptarse a los cambios de paradigma orientándose hacia otras especialidades como los cultivos intensivos, con la producción de hortalizas; y de arándanos, cuando este cultivo estuvo en pleno auge en la zona. “Tenemos que estar preparados más allá de la especialización profesional en la institución… porque ser extensionista significa saber interpretar la demanda de la comunidad y estar preparado para los cambios… tal vez la profesión uno la puede ir aggiornando, armar equipos de trabajo con especialistas para poder desarrollar y dar respuestas a lo que la comunidad necesita. En muchas ocasiones como extensionistas actuamos como el médico clínico del pueblo... estamos dispuestos a escuchar a todos, solucionar problemas no sólo técnicos sino sociales y si nosotros no tenemos la respuesta, debemos gestionarla en otro ámbito”.

Así es que en su rol de extensionista, se autodefine como “un profesional simple que caminaba las mismas calles que la comunidad o la gente con la que compartía mis trabajos o mi conocimiento. Siempre fui una persona sencilla predispuesta a escuchar lo que la gente necesita para interpretar la problemática y gestionar su respuesta, porque estoy convencido que siempre aparecen caminos para resolverlo; y tener la satisfacción de la gente que es lo mejor que podemos tener… lo más interesante del extensionista es que nunca tiene un trabajo rutinario, con horarios de oficina; y producto de no hacer siempre lo mismo te permite a diario conocer distintos lugares, situaciones, una gran cantidad de gente con distinta forma de ser y de pensar. Enriquece el alma intercambiar opinión con una población con distintas costumbres porque también crea la posibilidad de enriquecer tu intelecto”.

Hablar de Extensión rememora siempre las grandes reuniones, no sólo las internas de planificación con los compañeros sino aquellas con las comunidades en el medio para difundir el trabajo del INTA; con información técnica y actualizaciones del manejo de cultivo para los productores: “reuniones de noche en alguna escuela, localidades, una vieja estación de ferrocarril, entidades gremiales. Hablar de reuniones es traer a la mente cientos de jornadas volviendo después de un asado; es volver de madrugada con la gratitud del deber cumplido; es jornadas demostrativas a campo con recorridas; es intercambios interminables con la gente luego de las charlas; es fogón; es pasión”.

El INTA, mi segundo hogar
“Afectivamente, el INTA para mí fue y será mi segunda casa. En mi carrera profesional tuve muchas posibilidades laborales de irme de la institución con ofrecimientos interesantes, pero siempre opté por quedarme y no me arrepiento para nada. Más allá de las condiciones económicas, nuestro trabajo tiene que ser un ámbito adecuado para que uno se sienta bien y con placer por hacer lo que uno hace… Hay que disfrutar el día a día lo que hacemos, así que soy un agradecido eternamente de lo que el INTA me brindó, y de lo que significa para mi vida”. Claro está que en la labor del extensionista no todo es color de rosas. “En estos 40 años de trabajo siempre ha habido imponderables que no fueron tan agradables”, recordando el cierre de la Agencia por una resolución momentánea, que fruto de un trabajo integrado con otras instituciones y organizaciones del medio crearon las necesidades para abrir nuevamente el servicio.

Así, en su largo camino de extensionista, Paganini ha tenido la cualidad de saber adaptarse pero con la particularidad de “ir dinámicamente preparado para los cambios que proponía la gente y la región con respuestas directas”. Se va satisfecho por lo realizado y “el deber cumplido” como él describe: “Una de las características más importantes es trabajar en equipo participativo teniendo la capacidad de gestionar en el territorio con organismos e instituciones… creo que ser un buen extensionista es saber tener la lectura de lo que realmente le pasa a la comunidad, interpretar su problemática y estar abierto a los cambios que vayan sucediendo territorialmente”. Adolfo contribuyó a la creación de la Sociedad Rural de Exaltación de La Cruz, Zárate y Campana; de la escuela en el Paraje El Tatú; de la Cooperativa Apidelta y fue partícipe de la Comisión de Emergencia Agropecuaria, además de participar en la ordenanza para ordenar la aplicación de agroquímicos en el territorio. Entre los logros que reconoce en su labor también aparecen el armado de equipos de trabajo y una fuerte presencia institucional en el medio. Pero sin dudas para este ingeniero de pueblo rural, su mayor logro después de tantos años de servicio, está en haber logrado que el INTA sea conocido en la zona, y por supuesto en el reconocimiento de la gente.

Tras su despedida en la comunidad intiana, deja huella en organizaciones de productores, grupos de trabajo organizados por especialidades o rubros productivos, con un interesante grupo de trabajo que podrá seguir desarrollando la tarea. “Los hombres pasan pero las instituciones quedan” es una frase a la que recurre Paganini y reflexiona: “Sin lugar a dudas el INTA me brindó la posibilidad de desarrollar nuestra actividad con mucha libertad, placer, fortaleza de desarrollar realmente lo que yo quería en un ámbito con mucho contacto con la naturaleza y la gente… me voy con la tranquilidad de haberlo dado todo; responsabilidad, dedicación, una cuota de sacrificio… me voy con la sensación de un deber cumplido”.


Balance y legado
En el balance del retiro, las cosas agradables siempre superan los momentos de tensión y de tristeza. El mensaje a futuras generaciones que ingresen al INTA se vincula directamente con el sentido de pertenencia con la institución: “Si uno no está creyendo en lo que hace difícilmente vaya a tener éxito. Hay que planificar con objetivos y hacerlo en función de una demanda y de atender un desarrollo personal profesional e institucional con etapas, poniendo cosas reales y respondiendo un poco a las problemáticas que el sector le puede estar demandando… apostar siempre a la actualización técnica, con capacitación para estar a la vanguardia tecnológica productiva como de manejo, y también apostar a tener una cartera de proyectos que respondan a problemáticas profesionales. Pero lo más importante y eso lo digo como una impronta personal es no olvidarse nunca de la comunidad a quién le brindamos el servicio y focalizar en la articulación con otras instituciones del medio para el abordaje de las problemáticas regionales”.

Con vasta experiencia, el mensaje de Adolfo a las futuras generaciones se resume en las siguientes palabras: compromiso, respeto, escucha, humildad, dedicación y capacitación permanente. “El compromiso institucional también pasa por sentir al INTA como propio, llevar la camiseta, trazar objetivos realizables, no proyectar utopías sino con pequeñas metas, dando pequeños pasos”. Su filosofía de vida se resume en la frase “siempre pienso que lo mejor está por venir” de la mano de su familia y una vida al aire libre que le permita disfrutar de las cosas simples que la vida brinda y sobretodo con salud que “es el mejor capital que uno puede tener en la vida... es una riqueza invalorable que no siempre nos damos cuenta... ya que en función de eso giramos en forma permanente...”

Paganini lleva tantos en INTA casi como de casado. Formó su familia en Zárate junto a Susana Dinardi, docente jubilada, y tuvo tres hijos varones a los que le inculcó fuertemente el valor de la educación en la universidad pública. Todos son egresados de la Universidad Nacional de Buenos Aires: Hernán, el mayor, es artista plástico y reside actualmente en Seattle, Estados Unidos; Esteban y Nicolás son ingenieros electrónicos, y trabajan en empresas nacionales. Algo introvertido con sus asuntos personales, de su vida privada sabemos que los asados familiares los domingos son impostergables, que le gusta el automovilismo, es hincha de Independiente y preside la Peña de ese Club en Zárate. A Adolfo no le hables de arreglar la casa sino de arreglar el jardín. Su amor por la naturaleza lo descubre en otra etapa signada por un merecido descanso: “Tengo que mantener la mente ocupada… me voy a dedicar a descansar pero también seguiré transitando los campos argentinos con algún asesoramiento o algún emprendimiento personal, siempre con la tranquilidad de saber que es otra etapa, más familiar, de poder disfrutar viajando y conociendo otras partes del mundo. Ya pasó el tiempo de la siembra… llegó el tiempo de la cosecha”, concluye orgulloso.

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina
    • Buenos Aires
    • San Pedro
Personas mencionadas: Adolfo Hernan PAGANINI