17 de Diciembre de 2014
Noticia

Agricultura familiar: un sector priorizado por el INTA

El instituto acompaña a más de 50.000 emprendimientos con tecnologías apropiadas y de bajo costo. En la última década, los proyectos vinculados con este sector se multiplicaron casi diez veces: pasaron de 50 a 480.

40 familias de productores de Villa Guasayán optimizaron la producción de cabritos lo que les permitió consolidarse en la venta de productos con valor agregado.
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Creación de parques hídricos para la captación de agua, desarrollo de tecnologías apropiadas, generación de energías renovables y la promoción de actividades alternativas para el impulso de las economías regionales son algunas de las líneas de acción priorizadas por el INTA para el fortalecimiento de un sector que representa a más del 65 % de los agricultores del país. Según datos del Programa Federal de Apoyo al Desarrollo Rural Sustentable (Profeder), en una década el número de proyectos vinculados con la agricultura familiar se multiplicó casi 10 veces: pasó de 50 a 480.

En el Año Internacional de la Agricultura Familiar, el instituto potencia el asociativismo y la comercialización de sus productos, lo que significa una fuente de empleo genuino para las familias que trabajan a pequeña escala. “En los últimos quince años, nuestro organismo fue un actor clave para la promoción y desarrollo de la agricultura familiar en la Argentina y el 2014 sirvió para contarlo”, aseguró José Catalano, vicepresidente del INTA.

Mediante la creación del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (Cipaf) y de sus institutos, el INTA ofrece soluciones concretas para los agricultores que habitan cada rincón del país: NEA, NOA, Patagonia, Pampeana y Cuyo.

Asimismo, Catalano remarcó el rol de la Agricultura Familiar como un componente fundamental para el desarrollo nacional y de los productores. “Durante muchos años, este sector estuvo asociado con el asistencialismo y no se lo visualizaba como un actor relevante en el territorio que, incluso, genera alimentos para la población”, aseguró.

En esa línea, destacó el rol del Estado a través del trabajo de los Ministerios –de Desarrollo Social, de Trabajo y de Agricultura–, del Senasa y del INTA para abordar, de manera articulada, las problemáticas que afectan a las comunidades. “Todo este trabajo fue compartido en el encuentro organizado por la FAO en Roma, a donde fuimos junto con  productores y representantes de la Cámara de Fabricantes de Maquinarias para la Agricultura Familiar (Camaf)”, agregó.

Experiencias, logros e innovación

Desde la promoción de la floricultura en el norte santafesino hasta el diseño de un prototipo que facilita la cosecha y poscosecha de la quinua, sumado al fortalecimiento de un grupo de productores de leche caprina de Santiago del Estero son algunas de las experiencias que sintetizan innovación tecnológica para mejorar la calidad de vida de la población rural.

En este sentido, con el objetivo de contribuir al desarrollo sostenible de los agricultores en el territorio, Diego Ramilo –coordinador de transferencia y extensión del INTA– remarcó el compromiso institucional para promover el “desarrollo local como medio para humanizar el trabajo familiar, mejorar la producción y generar empleo a partir del agregado de valor”.

“Cuando se trabaja en un territorio, es fundamental estar atento a lo que sucede allí: en la mayoría de los casos, siempre es posible detectar ciertos procesos que podrían potenciarse para promover el desarrollo local”, aseguró Ana Deambrosi, especialista del INTA Las Toscas –Santa Fe –, en referencia a la importancia del trabajo en el territorio.

En ese sentido, se entienden las iniciativas que el INTA acompaña en diferentes puntos del país. Desde hace nueve años en Villa Ocampo –localidad ubicada al norte santafesino y con una economía basada en la producción agropecuaria y azucarera–, un grupo de seis mujeres emprendió el cultivo de flores como una alternativa de diversificación productiva que incluye el trabajo de toda la familia.

“Este emprendimiento local impulsó la compra de flores frescas y permitió que se constituyera en una demanda de la población, algo que no existía”, destacó Deambrosi sobre una actividad nueva que genera mano de obra especializada y alienta la aparición de otros oficios vinculados con la herrería, el paisajismo y la ornamentación de los jardines.

Esto incentivó el desarrollo de iniciativas similares en las localidades santafesinas de Reconquista, Guillermina y Florencia. También motivó la articulación del INTA con el Ministerio de Agricultura de la Nación y organizaciones locales para la creación de un Proyecto de Promoción de la Floricultura en toda la zona.

Así como la floricultura pudo introducirse en una región poco tradicional para la actividad, desde hace 20 años el INTA acompaña a un grupo de productores de Villa Guasayán –Santiago del Estero– que se organizaron y optimizaron la producción de cabritos lo que les permitió consolidarse en la venta de productos derivados con valor agregado.

“La producción de leche caprina fue una alternativa para los productores que vivían en la zona y se dedicaban a trabajar en el aprovechamiento del monte”, señaló Roberto Aragón, especialista del INTA Frías –Santiago del Estero–.

Con el valor del asociativismo de por medio –otra de las distinciones propias de la agricultura familiar–, este grupo está integrado por 40 familias de productores y posee cerca de 300 cabras, que se distribuyen en casi 70 hectáreas –las cuales algunas son compartidas entre varios vecinos–.

“La producción de cabritos estaba dirigida, principalmente, al autoconsumo, pero, con el apoyo del INTA junto con una red de instituciones locales –parroquias, sobre todo–, pudo iniciarse la producción de leche, sumarle valor agregado y dirigir sus productos al mercado local”, observó Aragón.

A partir de la leche, el grupo elabora quesos pasteurizados y saborizados, dulce de leche y otros productos lácteos. Además, trabaja en la producción de artesanías de cuero y, en el último tiempo, se sumó la fabricación de confituras y de panificados con algarroba.

“El principal destino de los productos es la venta a través de las ferias organizadas por el Prohuerta y de un puesto ubicado sobre la Ruta 3, un corredor que culmina con las Termas de Río Hondo, y que trabajamos para convertirlo en un circuito de turismo rural”, agregó Aragón.

Tecnologías apropiadas

Junto con productores, organismos de investigación, municipios, entidades y empresas locales, el INTA diseña y adapta máquinas y herramientas para mejorar la calidad de vida de las familias rurales y el desarrollo de su actividad productiva. Sumado a lo anterior, la creación de tecnologías apropiadas –vinculadas con el impulso de la industrialización de la ruralidad– es otro de los desafíos que trae consigo la agricultura familiar.

En esa línea, especialistas del INTA diseñaron un prototipo que trilla el grano de quinua –el cual tiene 2 mm de diámetro–. Además, en una segunda etapa –que se encuentra en desarrollo–, permitirá clasificarlo y limpiarlo.

“Existen pocas máquinas que faciliten la cosecha y poscosecha de este cultivo y ninguna se fabrica en la Argentina”, puntualizó Eduardo Orcasitas, del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar Región NOA (IPAF NOA).

“Uno de los objetivos es que los productores puedan considerar la quinua como una alternativa económica y recuperar así el valor ancestral de este cultivo, tan propio de la zona andina”, continuó. Asimismo, Orcasitas destacó la importancia de la innovación para hacer más sencilla una producción que requiere mucha mano de obra y cuyas tareas se realizan manualmente.

“Más allá de la creación de la máquina en sí misma –adecuada a las demandas locales–, otro de los objetivos apunta a que esta herramienta sea fabricada por empresas locales”, remarcó el técnico del IPAF NOA.

Desde el punto de vista productivo, este prototipo aumenta la calidad de la semilla obtenida y se estima que reduce las pérdidas por granos rotos al 1 % –frente al 6 % registrado por el uso de maquinarias similares–. Además su utilización mejora la calidad del trabajo.

Según estimaciones de la FAO, la agricultura familiar produce el 80 % de los alimentos consumidos en países en desarrollo y, por lo tanto, se posiciona como un sector estratégico para la producción diversificada de alimentos frescos destinados al mercado interno. Al mismo tiempo, genera empleo genuino, aporta a la soberanía alimentaria y a la biodiversidad de los ecosistemas y promueve el arraigo de la población en los territorios rurales y el asociativismo.

Fuente: INTA Informa


Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina