19 de Abril de 2021
Noticia

Cambio Climático, el futuro cercano ya llegó

Qué relación tienen las percepciones de los productores con los datos climáticos en el Cordón Hortícola Platense. Aquí se divulgan los resultados de un trabajo que cruza la información de las familias, las series históricas del clima y las medidas de adaptación abordadas en un proyecto ejecutado por el INTA y financiado por Euroclima+. Resultados y proyecciones para la resiliencia y la toma de decisiones productivas en el corto plazo.

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La periodista canadiense, Naomi Klein, dice que negó el cambio climático, mucho más tiempo del que le gustaría admitir. O miró para otro lado, que es un atenuante de la negación.  Lo confiesa en un libro que publicó Editorial Paidós en 2015 y se llama “Esto lo cambia todo”.  Ahí explica que, aún cuando la gente no niega el cambio climático, aún cuando lo mira de verdad, luego es como si inevitablemente se olvidara de él. “Nos acordamos y nos volvemos a olvidar de nuevo. El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo. Practicamos esta forma de amnesia ecológica, intermitente, por motivos perfectamente racionales”. Y dice que lo negamos, porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo debería cambiar. Pero ¿estamos dispuestos a desencaminarnos? Todo eso lo explica en ese libro,  que bien puede ser un abrepuertas para entender la confluencia entre la crisis económico-social, la crisis ambiental y la crisis sanitaria.

¿Cuándo será el momento exacto en el que dejemos de mirar para otro lado?  ¿En qué incendio, sequía, nevada, tormenta, en qué inundación? Eso es lo que se preguntaron las cincuenta  familias productoras del cordón hortícola cuando en un taller pusieron en común las percepciones que tienen sobre el clima en  el Cinturón Verde de La Plata, Florencio Varela y Berazategui, provincia de Buenos Aires. Casi todas las familias que participaron tienen marcado en el calendario la fecha exacta en la que el cambio climático los sacudió con toda la furia de la naturaleza. Y ese día fue el domingo 5 de febrero de 2017, cuando una tormenta desató lluvias y vientos tan intensos, imprevistos y arrasadores, que en unos pocos minutos voltearon los nylon y destruyeron más de un 50 por ciento de la producción bajo cubierta del principal cordón hortícola de la Argentina.

De esas percepciones, del cruce de datos con las series históricas del clima y de las medidas de adaptación propuestas por el Proyecto Resilientes de EUROCLIMA+ y ejecutado por el INTA de Argentina y el CIPAV de Colombia, trata esta nota. Las historias que aquí se cruzan unen observación empírica con verificación climática.

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Adriana Palacios aún recuerda la tormenta del año 57. Era muy pequeña y esas imágenes del viento furioso están engordadas por el relato de su madre: cuando vio que a los vecinos se les volaban los hornos de ladrillos, dejó su casa de barro y se llevó a su pequeña hija. Era el 8 de diciembre del 57. Ahora Adriana tiene 68 años, es abuela y recuerda la crudeza de aquellos inviernos. Vive en el mismo campo y en la misma calle 1610 que  lleva el nombre de la  Asociación de productores hortícolas, que integra junto a 21 familias. “En aquel tiempo el verano era verano y duraba los tres meses. El invierno bien marcado, frío y seco. Las tormentas tremendas. Eso cambió. Sobre todo en los últimos 15 años. Ahora los inviernos son cortos, con heladas fuertes pero escasas. Las lluvias intensas. Antes nos anticipábamos a las tormentas, que venían siempre del oeste. Ahora llegan de cualquier lado y en los invernáculos hace más calor y se forman remolinos que a veces arrancan los techos de los cultivos bajo cubierta”.

De ese fenómeno puede dar cuenta también Claudia Rodriguez. Llegó hace más de una década desde Tarija y vino sin escalas al cordón hortícola de La Plata. Primero recaló en City Bell, luego en Poblet, donde arrienda junto a otras familias unas 8 hectáreas y comparte con su marido el cuidado de 20 invernáculos con morrones y berenjenas.  En esta docena de años que la separan de su Bolivia natal, cuenta cómo fue cambiando el clima: “las tormentas son inesperadas y te dejan en un ratito sin nada. Lo primero que pasa es que se llena de agua el invernadero, los desagües no están bien, los canales se inundan. Si hay viento, chau nylon y maderas. Y los vientos son cada vez más fuertes. Tenemos miedo que nos lleven nuestras casillas que son tan precarias. Cuando la tormenta de 2017, la casa estaba debajo de una hilera de eucaliptus, el viento era tan fuerte, que los árboles se nos venían encima. Entonces con mis hijos nos fuimos al medio del campo. Fue terrible. No sabíamos dónde meternos. Nos sentamos todos juntos en el piso, hasta que pase el viento. Dos horas estuvimos así”.

Más tormentas, más vientos, más granizo, encharcamiento, tornados dentro de los invernáculos. ¿Coinciden estas experiencias con la información climática? La verificación de esas percepciones corre a cargo del Grupo de Trabajo de Datos Climáticos del proyecto “producción resiliente de alimentos en sistemas hortícolas ganaderos de la Agricultura Familiar en regiones climáticamente vulnerables de Argentina y Colombia”. Un equipo que busca relacionar la información que aportan los cuatro sitios de intervención de La Plata, Patagonia Norte, Traslasierra (Córdoba) y Caquetá en Colombia, con las medidas de adaptación que se ejecutan en esta etapa avanzada del proyecto.

“Lo que analizamos en primer lugar es el resultado obtenido en el sitio de intervención del Cordón Hortícola Platense, donde se llevaron a cabo tres talleres de percepción con investigadores del IPAF Región Pampeana y técnicos de la Agencia de Extensión Rural La Plata del INTA, junto  a productores familiares de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT); el MTE-Rama Rural y la Asociación 1610. Las familias participantes pertenecen a las localidades de  Florencio Varela, La Plata y Poblet. Iniciaron sus actividades productivas a partir de 1980, la década del 90 y a partir del 2010”, cuentan las especliastas en clima y gestión ambiental, Natalia Gattinoni y Mora Herrera del Instituto de Clima y Agua y de la Estación Experimental AMBA del INTA.

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Figura 1: Familias productoras de la Asociación 1610 (izquierda) y UTT (derecha)

Las percepciones trabajadas en los talleres, partieron de una serie de interrogantes: ¿qué cambios vivieron con el clima?, ¿qué pasó durante y después de los eventos climáticos señalados?,  ¿cómo los afectó?, ¿qué recursos tuvieron para hacer frente? ¿qué hicieron frente a estos impactos?, ¿qué deberían hacer si vuelve a pasar?.

Se trabajó sobre los impactos principales y secundarios, sobre la capacidad de respuesta y sobre las medidas de adaptación. “En los talleres de percepción se abordaron intercambios de experiencias y vivencias vinculadas a los eventos climáticos de los últimos 30 años” –explica Natalia Gattinoni. "Las familias realizaron comentarios sobre los cambios y las adversidades climáticas percibidos, que en general se asociaron a abundantes lluvias, temperaturas más cálidas y ocurrencia de heladas menos intensas, incluso hicieron referencia a los daños causados por los eventos de granizo y fuertes vientos”. "Esas percepciones se cruzaron con la información meteorológica, que fue abordada desde dos ejes: los datos históricos (1967-2019) y los datos proyectados para el futuro cercano (2015-2039)”.

“En cuanto a los datos meteorológicos históricos, la estación meteorológica utilizada para el análisis fue el observatorio meteorológico de La Plata, que pertenece al Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para el periodo 1967-2019”,  explica Mora Herrera. Se trata de una estación que cuenta con datos históricos robustos para realizar el análisis.

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Lo que viene

Para caracterizar y analizar el comportamiento de los eventos extremos se utilizaron los índices climáticos formulados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y el Equipo de expertos sobre Detección e Índices del Cambio Climático (ETCCDI). “Estos índices son utilizados a nivel internacional dentro de esta temática de estudio. Así, los datos fueron analizados con el software de acceso libre R y los índices se obtuvieron a partir del paquete RClimdex (climdex.pcic). Se trabajó con una serie de índices de extremos climáticos, por considerarse pertinentes y representativos de las percepciones presentadas por las familias productoras”, explican ambas investigadoras.
 
Se tuvieron en cuenta los valores de tendencias de dichos parámetros y se utilizaron las proyecciones climáticas para analizar los parámetros climáticos a futuro, provenientes del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a partir de la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático. El insumo utilizado fue el Sistema de Mapas de Riesgo del Cambio Climático - SIMARCC. https://simarcc.ambiente.gob.ar/ que es la primera herramienta interactiva que identifica los riesgos derivados del cambio climático para todo el territorio nacional.

El escenario seleccionado fue el de Futuro Cercano, con proyecciones para los años 2015 – 2039, considerando un nivel de emisiones medias.

Esta plataforma presenta información de la tendencia hacia un aumento o disminución de índices climáticos: temperaturas máximas, medias y mínimas; noches tropicales, días con olas de calor y con heladas, precipitaciones anuales, días secos.

Infografía Euroclima

La mayoría de las percepciones sociales se correspondieron con el signo del índice climático seleccionado. Por ejemplo, la percepción de un aumento de las temperaturas máximas en verano; una correspondencia con la disminución e intensidad de heladas dentro de todo el periodo de análisis.

En el caso de las precipitaciones, se observó que “las familias informaron que experimentaron un aumento de los eventos y los índices relacionados a esta variable meteorológica reflejan esta característica (precipitación anual, intensidad de precipitación y días con lluvia mayor a 25 mm, una tendencia positiva durante el período 1967-2019”, explica Herrera.

Como conclusiones preliminares se obtuvo una correlación entre los testimonios de los talleres y las series de datos históricos estudiadas, lo que valida las percepciones de las familias.

Si se observa la tendencia estimada, según las proyecciones para el periodo 2015-2039 se tenderá a una disminución en las heladas, con lo cual toda medida de adaptación tomada en este contexto podría ser pertinente para continuar desarrollándose a futuro. De igual manera con los índices relacionados con las precipitaciones, las proyecciones para el periodo 2015-2039 indican una mayor probabilidad de que las mismas tiendan a un aumento, y lo indicado por las familias según sus experiencias vividas es que observan eventos más intensos y de corta duración. Con lo cual en este sentido también es aconsejable continuar con las medidas adoptadas e incluso fomentar otras que afiancen a estas.

Las medidas de adaptación acordadas con los productores tienen tres metas: que las familias cuenten con un análisis participativo de su estado de vulnerablidiad frente a los distintos eventos climáticos; que co-diseñen e implementen innovaciones tecnológicas y organizacionales para el manejo de la diversidad, del agua y del balance de carbono; y que una vez implementadas las innovaciones tecnológicas de organización y adaptación, las familias codiseñen e implementen un sistema para su monitoreo y evaluación.

Para el caso del área de La Plata, las medidas de adaptación fueron eficientes en relación a maximizar la captación y cosecha de agua de lluvia en función del uso eficiente para los agroecosistemas y cultivos del territorio. En este momento se instalan reservorios de agua en las familias y organizaciones involucradas en el proyecto.

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Cifras que impactan

De las 13 medidas adoptadas, sólo el 15,3% de ellas tiene una eficacia del 100 % en relación con los atributos propuestos.
El 46,1%, tiene una eficacia del 66,7%
38,4 de las medidas, tiene una eficacia del 33,3%

Las medidas de adaptación más representativas que se implementaron el territorio de La Plata, Florencio Varela y Poblet, tienen correlación directa tanto con los datos históricos analizados a partir de los índices climáticos, como también se correlacionan con las proyecciones climáticas para el futuro cercano.

En relación al procesamiento y análisis de las medidas adoptadas, se concluyó que un  53,8 % aportan a la reducción de la sensibilidad del sistema frente al CC, y un 53.8% contribuyen al incremento de la capacidad adaptativa del sistema.

Las percepciones de los cambios en las temperaturas y las precipitaciones se correspondieron con la información meteorológica del área de estudio. Los índices empleados resultaron ser una buena herramienta al momento de mostrar e interpretar la información agroclimática.

Las infraestructuras de invernaderos, canaletas, zanjeos y edilicias; los microtúneles para cultivos bajos y las cortinas rompevientos constituyen un conjunto de medidas de adaptación recomendadas por su aplicabilidad y representatividad en las tres áreas de estudio y por su correspondencia con las proyecciones climáticas vinculadas a incrementos de precipitaciones y tormentas fuertes y más impredecibles; y el aumento de las temperaturas máximas, mínimas y medias.

Escalar la sistematización

Como el proyecto tiene otros tres sitios de intervención, estos primeros datos sistematizados sirvieron para unificar criterios en la planificación, ya que las 4 áreas de intervención que involucran a unas 200 familias de Argentina y Colombia se proponen construir una matriz común en donde describen cada una de las medidas de adaptación que se implementan. Permiten partir de un propósito y construir parámetros para evaluar las acciones en función de la situación inicial.

La Región Metropolitana de Buenos Aires y en particular en el sistema agroalimentario del AMBA, coexisten polos modernos en términos tecno-productivos, dinámicas desparejas en lo que respecta a la asimilación de innovaciones y paquetes tecnológicos que se caracteriza por una realidad de explotación y autoexplotación que en ocasiones se expresa en paisajes sociales abrumadores y problemas de (in)sostenibilidad ambiental de distinto tipo. Así lo expresa una investigación conjunta difundida en 2018 por el equipo de investigadores del IPAF Región Pampeana: “La intensificación de la producción hortícola, que implica obtención de altos rendimientos por unidad, en plazos cortos, para cubrir costos fijos, con alta dependencia externa, gasto energético, alto costo logístico e impactos negativos en las condiciones de vida de los productores y en el uso de bienes comunes como la tierra y el agua”.

La investigadora Edurne Battista es responsable del Area de Intervención del Proyecto Resilientes de EUROCLIMA+ que se ejecuta en La Plata: “es importante destacar que el cambio climático viene a intensificar los problemas derivados de un paquete tecnológico en el cinturón hortícola, con el uso extendido del invernáculo. Se trata de problemas complejos y multicausales, por eso es importante pensar la adaptación al cambio climático desde una perspectiva integral con el objetivo de que las familias cuenten con herramientas para hacer frente a estas situaciones y disminuyan su vulnerabilidad. Esto se logra no solamente con acciones directas sobre los predios (por ejemplo, con reforzar los inveráculos) sino también con el fomento a las prácticas agroecológicas las alternativas de comercialización que brinden mayor autonomía a las familias hortícolas." Lo que dice esta investigadora, es que el cambio climático  intensifica los problemas derivados del paquete tecnológico, no provoca los problemas per se. Es un factor más que,  en el caso del cordón hortícola, cristaliza los inconvenientes que plantea el modelo tecnológico del invernáculo y la problemática de acceso a la tierra. Se verifica que, si no existe un plan local de adaptación con los municipios,  son medidas difíciles de implementar y escalar,  porque el cambio climático es una de las tantas variables de vulnerabilidad que enfrentan las familias del cordón hortícola, donde la tenencia de la tierra condiciona la producción y el hábitat.

Si la problemática es multicausal, las intervenciones que se generen desde los sistemas de I+d deben ser articuladas y fortalecidas por el co-diseño como modo de innovación que fomenta la apropiación y adopción de cambios desde el conocimiento y la participación. Eso es lo que propone el proyecto Resilientes, con sus medidas de adaptación. Es también lo que cotejan los datos y las proyecciones climáticas. Son umbrales para mirar el futuro en un mundo roto, como dice la socióloga Alcira Argumedo, donde se fracturan los hielos, se incendian los bosques, crece la contaminación del aire, se reproducen fenómenos meteorológicos extremos y miles de millones de seres humanos carecen de las condiciones mínimas de supervivencia. ¿Será este el tiempo en el que dejemos de mirar para otro lado?

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina
Personas mencionadas: