08 de Septiembre de 2020
Noticia

Complejidad e interdisciplina en la gestión del territorio

En el marco de un nuevo espacio de diálogo, pensamiento y aprendizaje en el INTA, como lo denominó el Dr. Leonardo Rodriguez Zoya, en agosto de 2020 se realizó el tercer seminario del Plan de Formación para el Fortalecimiento de las Capacidades de Gestión de las PIT del Centro Regional Patagonia Sur de INTA con el foco puesto en la complejidad y la interdisciplina. Este encuentro dio continuidad al proceso que comenzó en abril de este año, organizado por el Programa por Área Temática Desarrollo Regional y Territorial y el CR Patagonia Sur.

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En su presentación, el investigador propuso reconocer cómo a partir del concepto de sistemas complejos, “podemos tratar  de vincular las prácticas de investigación, es decir de construcción de conocimiento, las prácticas de planificación, es decir de preparación de la acción, y las prácticas de gobierno, entendidas no solo como lo que realiza el gobierno de un estado, sino el gobierno entendido como lo que realiza múltiples actores sociales, que intenta intervenir en un proceso social, natural territorial o de cualquier índole”.

Para comenzar, Rodriguez Zoya abordó el supuesto de la disyunción entre ciencia y política: “Creo que podemos leer la historia del pensamiento occidental, la historia de las ciencias, como una historia de separación entre los problemas de conocimiento y de la acción. Así nos han enseñado, que la ciencia se ocupa de los problemas de conocimiento y la política de la acción. Si esta hipótesis es plausible, nos plantea una serie de desafíos y de consecuencias: ¿en qué medida la ciencia que tenemos, la forma en que hemos aprendido a investigar, a enseñar y a hacer ciencia es relevante para la planificación y para el gobierno de problemáticas complejas?”

El disertante señaló  que la ciencia ha progresado por especialización, como así también la  universidad está organizada en departamentos verticales de conocimiento para formar profesionales. En este sentido, Rodriguez Zoya se preguntó: “¿Ese especialista departamentalizado está preparado para investigar, planificar y gobernar sistemas complejos? La respuesta conjetural que planteamos es que no”.  Y  agregó: “Los problemas relevantes, los que nos importan en nuestra vida social, política, económica, medioambiental, los que surgen de nuestras prácticas sociales, de la acción de nosotros como seres humanos en el mundo, atraviesan horizontalmente los departamentos verticales de la universidad y del conocimiento. Necesitamos una teoría como una práctica de una ciencia horizontal, transdepartamental, y quizás el concepto de sistemas complejos ayude a pensar esta idea”.

Los problemas no existen

“Los problemas no existen en la medida en que ningún problema es un dato de la realidad”, lanzó el disertante.  “Todo problema implica que alguien valoró, conceptualizó y construyó una determinada parte de nuestra realidad como problema. Mi primera pista conceptual es tratar de transformar el sustantivo problema, y decir que un problema es siempre lo problematizado y para que algo haya sido problematizado alguien tiene que haber realizado algún tipo de acción. Tratemos de pensar en el verbo problematizar. Una acción problematizadora no es otra cosa que una acción a través de la cual los actores sociales, políticos y económicos construyen fenómenos de nuestro mundo como problemas”.

En este sentido, el investigador puso en juego la relevancia de las diferentes miradas: ”Puntos de vistas distintos, sobre actores diferentes, en torno a una misma realidad problemática resultan en problemas distintos. No podemos ser objetivos si ignoramos las subjetividades. Tratar de entender la complejidad de un problema, implica entender en parte la diversidad de puntos de vistas que se entrecruzan en relación con este problema”.

“Si un problema no está dado en la realidad empírica, si esos sistemas complejos tienen que ser construidos, la forma de construir un problema o un sistema que queremos investigar parte de formular una pregunta, que en torno de una misma realidad nos va a llevar a construir sistemas diferentes. Ahora, pensar las preguntas nos lleva a preguntarnos, quién pregunta, por qué pregunta, a quién le interesa la pregunta, en qué contexto pregunta”. Y en este marco, Rodriguez Zoya aseguró que esos interrogantes conducen a una gran pregunta -que en general en la discusión científica se trata pocas veces- sobre  el marco epistémico.

“A través de él no buscamos explicitar otra cosa que la importancia y el rol que juegan las cosmovisiones o sistemas de valores. Pero como son muchos los puntos de vista implicados en un problema, posiblemente sean distintos los marcos epistémicos. Distintos observadores, con distintos marcos epistémicos, plantean distintas preguntas sobre una misma realidad y, por lo tanto, el marco epistémico influyen en nuestras preguntas”.

“Va a ser determinante en cómo construimos y delimitamos ese sistema y el tipo de evidencia empírica que construimos y también los diagnóstico que arribamos y las recomendaciones de políticas o de estrategias que hacemos”,  definió el disertante.

Tres vectores para pensar la complejidad de un problema

“Esos marcos epistémicos están influyendo también en nuestro modelos de futuro -subrayó Rodriguez Zoya-, en las ideas de escenarios o futuros alternativos de lo que consideramos que es una situación aceptable o deseable para ese sistema”. Planteada esta relación en torno a los sistemas y las preguntas,  ¿qué es lo que hace complejo un problema?

Primer vector: el entrelazamiento de múltiples puntos de vista. “Una misma realidad significa cosas distintas para actores sociales diferentes. No podemos ser objetivos si se ignoran las subjetividades. Entender la complejidad de un problema implica entender los múltiples puntos de vista de distintos sistemas de observadores, de distintos actores, que ponen en juego distintos sistemas de valores, saberes y estrategias de poder sobre esa experiencia que queremos conocer y eventualmente transformar. Entonces pensar el problema de los puntos de vista y de las relaciones entre los puntos de vista es un primer vector”.

Segundo vector: el entrelazamiento de lo epistémico, lo ético y lo pragmático. “Los problemas que nos importan del mundo son complejos porque se nos presentan simultáneamente como problemas de conocimiento, éticos y de acción.  Los problemas que nos importan no aparecen delante de nosotros solo como problemas de conocimiento, ante todo nos interpelan como problemas éticos. Cuando veo un bosque que se quema, un río contaminado, un hombre buscando comida en la basura, lo primero que digo es: esto no está bien y debería ser de otro modo. Solo puedo hacer esa distinción en función de juicios de valor, de una dimensión axiológica, de un marco epistémico. Los problemas complejos son complejos porque estas tres cosas están entrelazadas, porque en esa dimensión ética están interpelando nuestro modo de vida, la relación entre la humanidad y la naturaleza, y porque nos resultan intolerables en términos éticos. Como esto no está bien, entonces queremos conocer algo de ellos, para actuar sobre ellos y transformarlos. Se entrelaza esa dimensión ética, esa dimensión epistémica con una dimensión de la acción en donde queremos actuar para transformar algo”.

Tercer vector: el entrelazamiento del pasado, presente y futuro. “Un problema complejo tiene una historia.  Para conocer el presente debemos conocer el pasado. Pero lo que nos interpela fuerte es la dimensión del futuro. El problema del futuro implica pensar una relación entre fines y valores, hablar del futuro o de futuros deseables, de objetivos y metas que queremos alcanzar, es plantear una reflexión sobre los fines. Hablar de fines y hablar de futuros es hablar de política, y hablar de valores es hablar de ética. La idea de los futuros deseables que supuestamente queremos construir a través de la ciencia, de la planificación y de nuestras prácticas, es un concepto de tipo ético y político porque implica deliberar y planificar ciertos fines que queremos alcanzar y los marcos normativos en base a los cuales elegimos o deliberamos entre esos fines”.

¿Cómo investigar un sistema complejo?

En este punto, Rodriguez Zoya planteó el interrogante sobre “cómo todo esto podría integrarse en una metodología de investigación”. Para ello distinguió entre el concepto de sistemas complejos y el de problemas complejos e introdujo el concepto de modelo. “Podemos tratar de modelizar esas problemáticas complejas entendidas como sistemas. ¿Qué implica ese proceso de modelización? En primer lugar implica -si esos problemas están constituidos por  múltiples  actores y puntos de vista- pensar modelos construidos participativamente, que incluya el punto de vista de esos distintos actores involucrados en el problema”.

Segunda cuestión: “Necesariamente tienen que ser modelos de carácter interdisciplinarios, porque esos problemas no entran en un departamento vertical del conocimiento, sino que atraviesan a distintas disciplinas. La clave aquí es pensar la posibilidad de articular una multiplicidad de distintos tipos de modelos en distintos tipos de lenguajes, modelos mentales que todos los actores sociales y científicos tienen, es decir su representación sobre esas situaciones que se está tratando de investigar y eventualmente de cambiar”.

En este segundo punto, el investigador sostuvo: “Solo podemos intercambiar modelos mentales a través del discurso, poner en palabras lo que pensamos. Entonces, ¿cómo podemos pasar de modelos mentales a modelos discursivos a través de modelos de conversación, cómo podemos pasar de modelos discursivos a modelos conceptuales un poquito más rigurosos y  precisos? ¿Cómo de esos modelos conceptuales podemos eventualmente pasar a distintas modelizaciones científicas, de carácter cualitativo, estadístico matemático, computacional?”.

“Y como en los sistemas complejos nos importa el tiempo, la historia del sistema y el futuro, es muy importante pensar en esa dimensión de la simulación, en entender el proceso de esa dinámica de un problema”. En este sentido, el disertante profundizó  sobre cómo articular la idea de simulación humana (técnicas de juego o juegos de rol para simular un problema social) con la de simulación numérica (útiles para explorar las posibilidades y límites de un sistema). “Agregar a los modelos explicativos, modelos posibilísticos, como modelos orientados a la exploración de futuros y en tercer lugar, un tercer tipo de modelo, que son los modelos de futuro, que es confrontar las ideas de futuro, las representaciones de futuro que distintos actores sociales pueden tener sobre un problema”.

Para finalizar, el Dr. Leonardo Rodriguez Zoya sintetizó: “La tecnología puede ser muy buena inicialmente, pero necesitamos integrar esa dimensión técnica al factor humano, y empezar a ver estos sistemas complejos como sistemas sociotécnicos. Es muy interesante tratar de emplear estrategias de simulación para explorar las posibilidades y límites de esos problemas, sin olvidarnos nunca de la importancia de construir esos modelos de futuro”. “¿Y por qué hacemos esto?”, se preguntó el investigador, y propuso reflexionar sobre un concepto del científico argentino Oscar Varsavsky  que es el de enfoque constructivo: ”Pensar el rol de una investigación científica que no trata sólo de explicar el estado presente de un problema, sino también de imaginar y diseñar futuros alternativos. En esta idea encontramos el desafío de articular conocimiento, ética y acción para la construcción del futuro”.

La presentación está disponible en el canal YouTube de INTA Chubut en https://www.youtube.com/watch?v=iSy8d1g3qek

 

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina