05 de Noviembre de 2020
Noticia

Cuando vivir mejor está a una cisterna de distancia

Familias enteras del pedemonte mendocino, del norte de Tupungato y sur de Luján de Cuyo, gozan ahora de agua apta para uso doméstico y para sus animales de cría. El salto tecnológico y de calidad de vida se los dio la construcción de cisternas, mediante un programa implementado en todo el país por el INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Construcción colaborativa de cisterna de placas en el puesto "La Esperanza", de Agua de las Avispas, Luján de Cuyo, Mendoza
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Abrir un grifo y que el agua fluya es lo más normal del mundo para alguien que habita una ciudad. El agua, como es fundamental, debe estar al alcance y siempre disponible; esa parece ser la lógica del urbanita: la del recurso infinito. Pero a escasa distancia de los centros urbanos vive gente que asume de otro modo el valor del agua, para quienes contar con ella requiere de esfuerzo e inteligencia aplicada a su uso.

En la Argentina, 450.000 familias que viven en zonas rurales aisladas aún no acceden a un derecho consagrado por la Organización de las Naciones Unidas, el del acceso al agua. La detección de esta situación compleja llevó a que garantizar ese acceso fuera el eje del trabajo conjunto entre el INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en los últimos 4 años. Así fue que en los Proyectos Especiales del ProHuerta, reconocido programa llevado a cabo entre ambas instituciones, se incluyó una línea específica de acceso al agua, en 2016 y tres años después se abrió el Programa Especial de Cisternas Rurales. 

En Mendoza, aunque también podría ser cualquier paraje árido del oeste argentino, viven personas con grandes dificultades para acceder a agua de calidad. Es el caso de los puesteros de la zona del pedemonte, que no disponen de una red que los abastezca (lo compensan en ocasiones entubando vertientes) y dependen del agua provista cada cierto tiempo por el municipio.

Emilia Rojas vive en Agua de las Avispas, Cacheuta sur, departamento Luján de Cuyo, en Mendoza. Con su familia tienen un puesto de montaña, “La Esperanza”, donde crían animales, que es su actividad de sustento. Hasta hace unos meses la municipalidad les llevaba 8 mil litros de agua, cada 15 días, pero el reservorio familiar era un tanque viejo que volvía al agua no apta para consumo. Sin embargo esa situación cambió, ahora cuentan con una cisterna que construyeron ellos mismos y que les permite almacenar agua para utilizar en su vivienda, lo que ha cambiado notablemente su cotidianidad. Con emoción, Emilia cuenta que “la primera carga de la cisterna la usamos para la casa y también para los animales, porque la vertiente más cercana, a la que ellos suelen ir a tomar, está a 6 km. Como nosotros vivimos realmente de los animales, entonces compartiremos con ellos el agua”.

El cambio positivo en la calidad de vida de la familia de Emilia y de más de 150 personas de la zona se logró por un efectivo trabajo interinstitucional, en el que la asociación civil Los Cerrilleros jugó un papel central. Esta entidad sabía que el tema del agua era una necesidad de la zona y comenzó a buscar opciones, y así recaló en el sitio web del INTA. Allí encontraron que este organismo, junto al Ministerio de Desarrollo Social, presentaba una línea específica para construir cisternas de placa. De este modo, a comienzos de 2019 la Asociación -a través de Deolinda Navarrete y Juan Carlos Reyes- se pone en contacto con el INTA y, una vez planteada la inquietud, formulan conjuntamente el proyecto que incluía la construcción de 18 cisternas para los pobladores de Agua de las Avispas y Los Cerrillos. En este proyecto fue muy importante la participación de los profesionales del INTA Ítalo Asid y Pablo Pauzá, de las Agencias de Extensión Rural Tupungato y La Consulta, respectivamente. Bauzá explica que “la gente nos buscó, hicimos una recorrida por la zona y los vecinos se fueron comunicando para detectar dónde hacían falta cisternas.”

 Mujeres trabajan en el pozo donde irá la cisterna  Construcción de placas: los beneficiarios del proyecto aportan la mano de obra

El fruto de la colaboración

Las condiciones del proyecto fueron que a través de ProHuerta llegaban los fondos para comprar materiales y herramientas pero los propios beneficiarios debían hacerse cargo de la mano de obra. “Esto generó una interesante red de colaboración -opina Bauzá- porque el proceso de aprendizaje/enseñanza era de campesino a campesino, en donde era muy bien recibido lo nuevo pero también jugaba un papel importante el conocimiento previo”.Cisterna de placas en la Escuela Agua de las Avispas, Luján de Cuyo, Mendoza Se realizaron dos capacitaciones guiadas por equipos de tres personas, que no eran otras que productores de zonas más distantes (Lagunas del Rosario, Lavalle, en este caso), que ya habían pasado por el mismo proceso. De tal modo que cada familia o grupo de familias que accedería a una cisterna debía construir las placas de cemento y ensamblarlas. Transcurridas esas dos capacitaciones, los saberes adquiridos fueron compartiéndose entre los puesteros hasta lograr ver en pie las 11 cisternas que hay al día de la fecha.

Ariel Jofré fue uno de los que aportó su conocimiento y fuerza de trabajo en esas dos capacitaciones iniciales. “Vinimos a hacer la cisterna acá con los puesteros que les hace tanta falta tener agua potable, muchos no la tienen y a veces toman agua de pozo.” Él aprendió a construir cisternas a través de una formación organizada por la UST (Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra). Oriundo de Lavalle, a Ariel le tocó Agua de las Avispas por sorteo, junto a otras compañeras que también trabajaron capacitando y como albañiles. La gente de Cacheuta sur que recurrió a su ayuda, los buscó y les proporcionó techo y alimento durante los días de construcción. En este sentido, Emilia Rojas aseguró que “fue una experiencia muy linda compartir tres días con gente tan buena y trabajadora. Quedamos muy agradecidos a ellos, al INTA, a la asociación Los Cerrilleros y a todos los vecinos que dejaron su tiempo para venir a ayudarnos con este proyecto.”

El escenario de la primera de las capacitaciones fue la Escuela 1678 Agua de las Avispas. Se decidió que ese fuera el punto donde se levantara la primera de las 18 cisternas para que los niños pudieran regar la huerta y los árboles. Esta escuela es muy valorada dentro de la comunidad, ya que además de su dedicada misión educativa, resulta ser un lugar de encuentro para tratar algunas problemáticas de la zona. “Ante cualquier problema tratamos de hacer reuniones donde se invita a las personas que hagan falta para intentar llegar a soluciones, como por ejemplo con los últimos incendios en Las Vegas, ocasionados por la sequía, que arruinaron tres puestos de Agua de las Avispas”, destaca Ana Scudeletti, directora y maestra de la mencionada escuela.

Agua, una prioridad para el INTA en Cuyo

En la zona del pedemonte mendocino donde se está desarrollando el proyecto realmente se sienten las condiciones climáticas que caracterizan a la región, de marcada aridez (un promedio de 200 mm de precipitaciones anuales). La problemática hídrica que aqueja a Cuyo desde hace una década golpea notablemente a la población que vive alejada de los centros urbanos y carece de las instalaciones adecuadas. Por eso, la construcción de esta serie de cisternas en Agua de las Avispas y Los Cerrillos, tal como refiere Pablo Bauzá, del INTA, quien sigue de cerca la logística del proyecto, trae un puñado de soluciones: abastecerá de agua para el consumo doméstico, el riego de huertas y para que beban algunos animales en caso que sea necesario.

En el abanico de soluciones que ha posibilitado el trabajo articulado del INTA, el MDS y diversas organizaciones civiles no solo están las cisternas. El acceso al agua también se logró mediante otras tecnologías: red de agua potable, cosecha de agua de lluvia, captación de vertientes, pozos someros y pozos profundos. Entre 2016 y 2019 en Cuyo se desarrollaron 64 proyectos de este tipo, que beneficiaron a 2647 familias. A su vez, en el último año el Programa Especial de Cisternas Rurales posibilitó la construcción de 2300 unidades en todo el territorio nacional.

“Estamos viendo mucha participación de la gente de la zona (referido al periodo pre pandemia), donde hay familias enteras trabajando a la par en el armado de placas. Para ellos esto es un tema central -reflexiona Bauzá- ya que hay muchos niños en estas localidades, mucha necesidad, y el agua a la que recurren cuando no son abastecidos por la municipalidad es de vertientes, pero hay muy pocas de agua dulce, la mayoría son saladas.” El extensionista del INTA también destacó el apoyo recibido de empresas de la zona, que han ayudado a hacer los pozos con máquinas excavadoras, ya que en muchos puntos había tosca y piedras que dificultaban la tarea manual.

El modelo de cisterna de placa que están construyendo es circular y tiene un diámetro de 3,5 metros. Una vez que el pozo para contenerla está hecho, toma tres días edificarla. El primer día lo destinan a hacer las placas y el contra piso, que tiene que estar perfectamente nivelado; el segundo realizan el montaje de las placas de cemento, arrimando y compactando la tierra en el pozo, para que haga contención a la cisterna; el tercer día colocan las viguetas y, sobre estas, las placas del techo. Luego revocan e impermeabilizan.  

Las 150 personas que están siendo protagonistas de la mejora en su calidad de vida, porque están construyendo su propia cisterna, “hasta ahora guardaban el agua en recipientes pequeños o inadecuados y les sucedía que se les terminaba pronto o se les arruinaba en verano”, cuenta Bauzá. “Después, hasta que llegaba el camión de la Municipalidad de Luján de Cuyo pasaba mucho tiempo. Ahora, con 16 mil litros, que es la capacidad de la cisterna, están preparados para conservar agua apta para todos los usos”.

 

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina
    • Mendoza
Personas mencionadas: Italo Ramon ASID, Pablo Gonzalo BAUZA