16 de Marzo de 2015
Noticia

El INTA lanzó una guía didáctica para instalar huertas en espacios urbanos

Titulada "Mi casa, mi huerta" enseña técnicas simples e innovadoras de cultivo de hortalizas y aromáticas en patios, balcones y terrazas. También incluye experiencias concretas sostenidas por técnicos del programa Prohuerta.

Tendencia en expansión: Según el INTA existen más de 700 mil huertas hogareñas en todo el país
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No es de ahora. Quizás se podría ubicar en la crisis de 2001 la bisagra que determinó que el público argentino empezara a preocuparse por su alimentación. Los clubes del trueque y las huertas comunitarias en los barrios fueron la primera respuesta para paliar el hambre. Pero, superada la crisis, algunas de esas herramientas sirvieron para empezar a dar otro debate: el de la calidad de la alimentación.
La industria alimenticia está fuertemente cuestionada. Organizaciones campesinas, nutricionistas y universidades de todo el mundo plantean que las empresas multinacionales más grandes en esta materia llevan adelante prácticas que refuerzan la desigualdad y conforman el insólito panorama de que un tercio de la humanidad padece alguna de las formas del hambre y otro tercio sufre obesidad por malnutrición.
En las páginas de Tiempo venimos dando cuenta de la creciente tendencia que se observa en nuestra sociedad hacia los mercados en los que el productor vende directamente al público. Los festivales culinarios, con su fuerte impronta de buenas prácticas nutricionales, son otro eje del mismo movimiento. En ese contexto, las huertas urbanas vienen creciendo como un proceso anárquico, vinculado a los deseos de ciudadanos aislados, pero sin una planificación. Y ahora el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) acaba de publicar la primera guía integral para crear una huerta orgánica en espacios urbanos, desde la siembra hasta la cosecha.
Si bien hay organizaciones de la Sociedad Civil que también vienen trabajando los distintos aspectos de la comunión con la naturaleza en contextos urbanos, el planteo de Prohuerta y el INTA tiene una relevancia mayor, dado el carácter oficial del emprendimiento. El trabajo, firmado por los ingenieros agrónomos Janine Schonwald y Francisco Pescio, se llama Mi casa, mi huerta: técnicas de agricultura urbana y puede descargarse en versión PDF desde la página del organismo oficial.


Según puede leerse en el prólogo, los autores desarrollaron el texto como parte de una tesis en la facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y en el marco del Programa Prohuerta, que lleva adelante el INTA hace 25 años: "Con el foco puesto en mejorar la alimentación de la población que habita las áreas urbanas, periurbanas y rurales, el programa está presente en el 80% de los municipios de la Argentina, llega a 3 millones de personas y fomenta la autoproducción familiar de alimentos sanos y diversos. Además de su amplia cobertura, se destaca por su acción en las ciudades, en tanto busca resolver algunas problemáticas vinculadas con la seguridad alimentaria, la salud, la recreación y el ambiente."
Según un estudio elaborado por la Facultad de Ingeniería de la UBA en 2011 y citado por el INTA, casi el 38% de la basura generada en el Área Metropolitana corresponde a desechos alimenticios. En Capital Federal, ese número asciende al 41,5 por ciento. En ambas zonas, se calcula que hasta el 42% de los materiales descartados podrían transformarse en abono para los cultivos.


Si bien en la Web hay una cantidad enorme de material disponible sobre estas cuestiones muchas veces los textos tienen el enorme vicio de una teorización inmovilizante. En este sentido, el manual lanzado por el INTA tiene algunos capítulos asombrosamente didácticos y de una practicidad inusual. Por ejemplo, el capítulo 2, que trata sobre La huerta urbana en envases, propone una serie de respuestas preconcebidas a los atascos más clásicos que encuentran quienes desean armar una huerta en su balcón. Su índice da una idea del contenido: sustrato, planificación, canteros, bateas de cultivo, tarimas soleadas, bolsas, huertas verticales, enredaderas y contenedor autoirrigable. Toda una declaración de practicidad para poner manos a la huerta. «

Pobreza

1020
Según la ONU, la mayoría de los 1020 millones de personas amenazadas por el hambre vive con menos de un dólar al día.
 

Consejos para iniciarse en el cultivo

Cultivo vertical: El cultivo vertical nos permite producir alimentos cuando la dimensión horizontal del espacio es un obstáculo. Su secreto es ubicar los canteros sobre una pared soleada –preferentemente orientada hacia el norte– a fin de captar la mayor cantidad de luz. Por su forma de crecimiento, las verduras de hoja (lechuga, escarola, perejil, achicoria y acelga) y las aromáticas herbáceas (tomillo, menta, orégano, salvia y melisa) se adaptan a esta modalidad. También prosperan la mayoría de las especies colgantes y/o de bajo porte, ya sean medicinales u ornamentales, y el cultivo de frutilla.  
Reciclado de bolsas: El cultivo en bolsas utiliza los restos de silobolsas que se desechan con gran frecuencia en la periferia de las ciudades y en muchas localidades pampeanas, donde ocasionan un serio inconveniente. Similares a otros recipientes, las bolsas se rellenan con sustrato y se le realizan agujeros para el drenaje. Utilizadas en forma vertical, permiten la producción de verduras de hoja, tomate, pimiento, berenjena, aromáticas, flores, frutillas, etc. En forma horizontal, papas y otras especies de raíces profundas.
Tarimas: Las tarimas soleadas son estructuras que sirven de sostén para los distintos envases. Pueden construirse con madera, hierro o a partir de materiales reutilizados. En zonas urbanas, esta modalidad aprovecha al máximo la radiación solar y evita la proyección de sombra sobre los cultivos.
 
 
 
 

 

Fuente: Tiempo Argentino, miércoles 11 de marzo de 2015.

tiempo.infonews.com/nota/147208/el-inta-lanzo-una-guia-didactica-para-instalar-huertas-en-espacios-urbanos

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina