02 de Diciembre de 2019
Noticia

Introducción y manejo de pasturas en secano

La siembra de pasturas en condiciones de secano pretende aumentar la oferta forrajera del pastizal natural afectada principalmente por sequías, cubrir baches forrajeros, recuperar sitios degradados, disminuir las pérdidas de animales y aumentar los índices productivos de los sistemas.

La introducción de una pastura requiere tomar decisiones para lograr una implantación exitosa
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La introducción de una pastura requiere tomar decisiones para lograr una implantación exitosa y un aprovechamiento dinámico y estratégico del forraje disponible en forma eficiente y sustentable.

Un aspecto relevante a considerar cuando se decide instalar una pastura consiste en elegir el sitio apropiado para lograr una implantación favorable. Por ello, en el Sur de Santa Cruz existen diversos lugares aptos por área ecológica para la siembra de pasturas representados por valles, bajos y cañadones, laderas/faldeos, planicies y terrazas bajas con suelos profundos, de buen drenaje y sin impedimentos físicos para el crecimiento vegetal.

Luego del laboreo anticipado del suelo con máquinas para preparar la cama de siembra, se debe elegir la especie forrajera adaptada al clima y suelo de la región y según el ciclo de producción de forraje y el destino de uso (pastoreo o corte). Entre las especies más sembradas en esta región, se destacan el agropiro con menores requerimientos de lluvias (< a 200 mm) y adaptado a suelos alcalinos (pH>7,5) y con problemas de salinidad, la festuca alta y el pasto ovillo con necesidades de lluvias superiores a los 250 mm y que prosperan en suelos ácidos, y la alfalfa que demanda más de 300 mm y requiere suelos sin problemas de acidez y salinidad.

La época de siembra más aconsejable para las gramíneas es el otoño (abril) en virtud de una mayor humedad edáfica y resistencia a las heladas de las especies introducidas. En cambio, se recomienda sembrar la alfalfa en primavera (octubre) para favorecer un rápido crecimiento radicular y aéreo de las plantas.

El manejo inicial de la pastura implica el cierre con alambrado para permitir su implantación excluida al pastoreo, la ubicación estratégica de molinos y el apotreramiento para pastoreos más eficientes o el corte para reservas. Esta etapa de establecimiento es clave porque define la densidad de plantas logradas previo al primer pastoreo. Por ello, en condiciones de secano el déficit hídrico edáfico en este período genera las mayores pérdidas de plántulas.

El uso con ganado de la pastura deber ser planificado, lo cual implica definir la época y el tipo de aprovechamiento para equilibrar la oferta y calidad forrajera con la demanda animal. Por lo tanto, se aconseja pastorearla a partir de mediados de primavera y durante la primera mitad del verano. Además, el pastoreo requiere ajustar la carga animal según la biomasa disponible y la demanda nutricional del tipo y categoría animal. 

A su vez, el tipo de pastoreo a realizar (continuo o rotativo) debería considerar la presencia de aguadas, tipo de pastura, carga animal, objetivos del sistema de producción, capacidad técnica del productor y grado tecnológico del establecimiento. En este contexto, el pastoreo continuo facilita el manejo de la pastura y el uso con cargas medias y variables permite mejorar la productividad del sistema. En cambio, el pastoreo rotativo con altas cargas y descansos favorece un mejor aprovechamiento de la pastura y rebrote de la vegetación.

Por último, en pasturas de gramíneas o alfalfa para corte, se recomienda la cosecha al inicio de espigazón o floración para lograr un balance cantidad/calidad del forraje recolectado para enfardar.

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina
    • Santa Cruz
    • Río Gallegos
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