04 de Noviembre de 2019
Noticia

La carencia de microorganismos benéficos afecta la calidad del suelo en Bunge

El desarrollo de una experiencia de investigación empírica donde se aplicó el método científico por parte de los alumnos de 5° año de la Escuela Primaria N° 5 de Cnel. Rodolfo Bunge, permitió vivenciar la importancia de vincular teoría y práctica en el proceso de enseñanza aprendizaje.

Compartir
+A -A

Pedagógicamente, fue sumamente atrapante para los y las estudiantes, quienes se mostraron felices por haber adquirido nuevos conocimientos que fueron útiles para resolver una problemática concreta de su comunidad educativa.

Selva Kitlain y Mariel Rossi, fueron las docentes que coordinaron la experiencia denominada “Suelos en equilibrio”. La investigación se inició cuando los niños y las niñas del jardín N° 907 acudieron la escuela primaria para plantear que los almácigos de “caléndulas” que habían hecho en el marco del proyecto de articulación interinstitucional sobre Huerta Orgánica, no crecían a pesar de que los regaban, exponían a la luz solar y resguardaban de las heladas.

“Vinieron a pedirnos ayuda y nosotros con mucho gusto le dijimos que sí. Entre todos pensamos una hipótesis y fue que el suelo tenía más cantidad de microorganismos perjudiciales que beneficiosos”, explicó Agostina García, una de las estudiantes que realizó la experiencia.

Esta suposición se basó en los saberes previos sobre los microorganismos descomponedores, tema que estaban trabajando en el área de ciencias naturales. “Más allá de que todo está dentro del currículum docente, necesitábamos abrirnos a otras instituciones para que nos brindaran el asesoramiento científico”, puntualizó, Selva Kitlain.

Así se acercaron al INTA  y tomaron contacto con el Ing. Agr. Rodolfo Tula. “Nos iba a asesorando y de esta manera nosotros podíamos continuar investigando. Nos aportó material bibliográfico y  dos audiovisuales a partir de los cuáles armamos los experimentos”, agregó Mariel Rossi.

Por un lado, para reconocer qué tipo de microorganismos existía el suelo, realizaron la experiencia llamada “Trampa para microorganismos”[1]. Lo curioso, fue que cuando las docentes propusieron esta actividad, “pensamos que íbamos a armar trampas para cazar ratas”, recordó Florencia Vergara, otra de las alumnas. Sin embargo, pronto vieron que se trataba de otra cosa.

Primera etapa: trampas de microorganismos

Armaron 12 trampas con botellas plásticas cortadas, donde introdujeron arroz semicocido, que taparon con una tela y luego enterraron en una chacra vecina a la escuela. El video por el cual se habían orientado, rescataba la experiencia realizada en Colombia, donde a los cinco días, ya encontraban cambios en las muestras. Transcurrido ese plazo, abrieron dos trampas y se encontraron que no había cambios en el color del arroz, que era lo esperable como indicador de la presencia de distintos tipos de microorganismos en el suelo.

Entonces, resolvieron hacer el experimento en clase, “pues vimos que en Colombia las condiciones de temperatura eran diferentes”, sostuvo la estudiante García. Así fue que para controlar las variables, “pusimos tierra en un tambor cortado a la mitad, lo ubicamos adentro del salón y enterramos las trampas que habíamos sacado y las fuimos regando”.

A partir de un seguimiento y registro pormenorizado, comprobaron que hubo crecimiento de microorganismos tanto en el interior, como en el exterior. No obstante, las muestras que tenían en la chacra, demandaron más tiempo debido a las condiciones ambientales de temperatura y humedad.

Utilizaron el microscopio para observar cada colonia. Así advirtieron que hubo muestras de color blanco (Bacillus) y verde (Trichoderma), que daban cuenta de la presencia de colonias de microorganismos benéficos y otras de color rojo, rosado (Fusarium) y gris (Rhizoctonia), que indicaban colonias de microorganismos perjudiciales. Una de las muestras presentó gran cantidad de microorganismos color violeta y al no tener bibliografía para su clasificación la llevaron al INTA para su análisis. 

Como primera aproximación a la hipótesis, pudieron concluir que era mayor la presencia de microorganismos perjudiciales y en consecuencia el suelo se encontraba en desequilibrio.

Segunda etapa: reproducción de microorganismos benéficos

Cumplida esta primera etapa, “apartamos los beneficiosos de los perjudiciales y decidimos hacer un líquido para reproducir los beneficiosos y ponerlo en las plantitas para ver si crecían o no y equilibrar el suelo”, dijo Florencia Vergara.

Una vez obtenidos los materiales necesarios prepararon el producto para mejorar la calidad de la tierra y  lo colocaron en tres recipiente diferentes. A uno de ellos lo cerraron con tapa, al otro le colocaron en la boca una piñata y al tercero un globo, con el fin de  observar de tres maneras diferentes la presencia de gases que se producirían a causa de la fermentación del producto.[2]

Posteriormente, “sembramos dos parcelas de caléndulas en el invernáculo que tenemos en la escuela. Pusimos diez de cada lado. Una la regamos sólo con agua y a la otra le poníamos el líquido que fabricamos”,  comentó Agustín Esperati.

Cada alumno se hizo responsable de observar una planta y durante tres semanas, día por medio, registrar todos los cambios en relación a las variables de tamaño, color y aspecto general.  A través de esta tarea, pudieron verificar que aquéllas  a las que habían aplicado el producto tenían buen crecimiento y  aspecto general  en relación a las que no. Como resultado de la investigación, comprobaron que su hipótesis era verdadera.

Participación en Feria de Ciencias

Con este proyecto, los estudiantes participaron en las instancias local y regional de la Feria de Educación, Artes, Ciencia y Tecnología. Si bien no lograron pasar a la etapa provincial, “estamos muy contentos con lo que logramos obtener. A mí me gustó mucho trabajar en equipo e investigar porque descubrimos algo más y aprendimos cosas nuevas”, dijo Agostina García.

“Nos encantó participar. Trabajaron y expusieron muy bien y lograron un diploma. Además, fue un proceso desarrollado a lo largo del año, que era conocido por la escuela y los chicos están muy entusiasmados y queremos continuar”, añadió Kitlain.

Por otra parte, rescató que representó “una apertura hacia la comunidad”, ya que simultáneamente al experimento realizado en la escuela, otros docentes del establecimiento educativo y cada niño con su familia armaron las trampas en sus casas. De este modo,  vivenciaron el aprendizaje como significativo al ver que su investigación podía contribuir a mejorar el suelo de sus propias huertas.

“Continuamente vemos gente del INTA en la escuela primaria, la secundaria y el jardín,  por eso nos pareció posible contactarnos con personas que trabajan con la vida que existe debajo de la tierra y estamos agradecidos por habernos permitido ampliar nuestros saberes previos”, añadió la docente.

En tanto, Rossi, recordó que “cuando iniciamos la investigación, Rodolfo Tula, decía esto no tiene techo. Lo repetía y yo me preguntaba qué será esto de que no tiene techo y así es”.

Si bien ya tienen  una propuesta para dar continuidad a esta experiencia, prefirieron mantener reserva al respecto.  “Tenemos que ver si es viable para feria de ciencias y si no lo es, igual lo haremos”, aseguró Rossi. “Porque no tenemos techo y creo que los chicos también lo piensan así”, concluyó Kitlain.




[1] Para esta experiencia se guiaron a través del video disponible en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=WcXEH_mIYSE

[2] En esta ocasión, miraron el video https://www.youtube.com/watch?v=fEZiAceUB1s sobre “Reproducción de microorganismos benéficos”.

Para más información:

Referencias

Localización geográfica:
Personas mencionadas: Rodolfo Adrian TULA Selva KITLAIN , Mariel ROSSI, Agostina GARCIA, Florencia VERGARA, Agustín ESPERATI