16 de Enero de 2020
Noticia

“Lo más importante es lo que estamos aprendiendo”

Quien lo dice es Oscar, interno de la Unidad Penitenciaria N° 4 de Villa Floresta que está participando del Proyecto de Huerta Agroecológica. Con el acompañamiento de profesionales de la Agencia de Extensión Rural Bahía Blanca, de INTA Bordenave, se está llevando una experiencia de huerta con internos del pabellón el Pabellón N° 8, de Drogadependencias. Compartimos la crónica de la visita que hicimos hoy por la mañana.

De izquierda a derecha aparecen Braian, Leo, Oscar, Hernán, Silvina y Federico
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Se abre la puerta de hierro y desde adentro una cabeza se asoma por el borde. “Somos del INTA, venimos por la huerta”. Entramos al hall de acceso y nos recibe una policía joven, que debe tener unos 25 años, no más. Anota nuestros datos en un papel chiquito que apoya sobre su celular mientras nos pide nuestros documentos, que nos devolverán al salir. Adentro ya están varios periodistas y camarógrafos de diferentes medios de comunicación de Bahía Blanca, que vinieron a registrar la experiencia para los noticieros locales.

Después de una breve charla con Javier González, Subdirector de Asistencia y Tratamiento, empezamos a caminar hacia el interior del Penal de Villa Floresta, para lo cual tenemos que pasar por un detector de metales y por varias puertas de reja. Vamos al Pabellón 8, de Drogadependencias, donde el INTA está acompañando un proyecto de huerta agroecológica.

La iniciativa es impulsada por las mujeres del staff del pabellón, formado una psicóloga y dos trabajadoras sociales. En el trayecto hasta el lugar nos acompaña Silvina Beretta, psicóloga  que trabaja en el Penal hace 20 años y que es quien se cargó en la mochila el proyecto de la huerta “Este Pabellón es una isla”, me dirá al salir, con orgullo por lo propio y con cierto grado de resignación respecto del resto.

“La huerta es una actividad terapéutica muy importante, que nos permite trabajar la tolerancia, la frustración y la paciencia, entre otras muchas cosas”, afirma Silvina, mientras me cuenta detalles de cómo fue el proceso interno para que puedan llevar adelante el proyecto. Un Director nuevo, la cesión de una parte del patio en la zona de salud y la muy buena respuesta de los internos hicieron el resto. Empezaron solos a dar vuelta la tierra, buscando información por internet, hasta que por intermedio del Subdirector Javier González se contactaron con el INTA.

 

Para hacer las entrevistas televisivas con los referentes institucionales en el frente de la huerta, que está reluciente, los periodistas les piden a los internos que se pongan de fondo “haciendo como que hacen algo”. En ese momento entonces, y mientras hacemos de decorado,  aprovecho para charlar con Oscar, Hernán, Leo y Braian; los cuatro internos que salieron a recibirnos y que de diferentes maneras parecen ser los más comprometidos con la huerta.

“Al principio acá no había nada, era tierra seca que había que dar vuelta. Lo mirábamos y pensábamos que no íbamos a sacar nada”, dice Leo, de Tres Arroyos, mientras aclara que el que más labura es Oscar, el corazón de la huerta junto a Hernán. “Hay que mirar esto para adelante y ver qué vamos a hacer cuando Oscar no esté”, afirma Leo.

 

Oscar parece tímido. Habla bajito pero con seguridad. Sabe de huerta y se nota que tiene autoridad ante los demás, sus compañeros lo legitiman en el rol del saber y del que más trabaja. “Yo vivo con él, se la pasa leyendo”, dice Hernán, nativo de San Germán pero que vive en Bahía y en el pabellón comparte con Oscar su casa, que es como los internos llaman a las celdas.

“Este fue nuestro enemigo más importante”, me dice Oscar mientras levanta del piso un bicho moro, un viejo conocido que suele hacer estragos en las huertas. “Lo fuimos tratando como nos dijeron desde INTA y más o menos lo controlamos”, afirma con satisfacción.

Le digo a Oscar que la huerta está hermosa, muy prolija, con sectores definidos y varios detalles que demuestran el muy buen trabajo que están haciendo. Señalo especialmente los tomates, zapallos y berenjenas que están asomando. Y me responde con el primer indicio de que lo que está haciendo ahora lo está proyectando para su afuera: “Lo productivo hoy es lo que menos valoro, lo más importante es lo que estamos aprendiendo y la posibilidad de trabajar” Además, Oscar dice que esto es una verdadera terapia: “nos permiten salir a trabajar en la huerta a la mañana y por la tarde, por eso yo digo que nosotros también tenemos que mostrar interés, así esto crece”

Sobre cómo organizan las tareas, Oscar cuenta que eso depende ya que unos se enganchan más que otros “Tenemos roles diferentes. Hernán por ejemplos es nuestro parquizador”, comenta agachado mientras saca malezas de los tomates. Y Leo completa: “yo por ejemplo no entendía nada de huerta, pero fui aprendiendo y anotando todo. A veces riego los canteros, otro hace otra cosa y así nos vamos dividiendo las tareas”

 

Mientras los periodistas se turnan para terminar de hacer sus entrevistas, salen otros internos a charlar conmigo. De los 16 que forman el Pabellón de Drogadependencias, en un momento llegan a ser 10 los que caminan entre los surcos al sol, haciendo las veces de decorado para la tele. Algunos confiesan que hace mucho no salían a la huerta, mientras se sorprenden por las lechugas, los tomates y el perejil. “Hoy recibimos turistas”, dice Oscar en chiste, en alusión a los internos que hace rato no venían.

 

Federico Castoldi, que junto a Pablo García son las personas de INTA que participan del proyecto, destaca especialmente el hecho de que varios de los internos están pensando en seguir trabajando con las huertas cuando salgan del Penal. “Desde INTA estamos muy contentos con esta experiencia. Y no sólo por el resultado productivo que está teniendo la huerta, que encima es muy bueno; sino también porque la iniciativa permite abordar valores como el trabajo en equipo y la cultura del trabajo, entre otras cosas”, menciona Castoldi.

En la misma línea, Silvina afirma la importancia del trabajo en la huerta respecto de la calidad de vida de los internos. Mientras estamos parados en uno de los bordes de la huerta, que está contra un muro muy alto del Penal, la psicóloga destaca “Ellos trabajan todos los días y el fruto lo ven a diario. Esto permite que mejoren su calidad de vida y hasta su alimentación, ya que hay gente que antes por ejemplo no comía verduras”

Antes de acompañarme a recorrer el Pabellón, o la “casa” como le dicen los internos; Silvina me señala una planta que cuando llegué me llamó mucho la atención. No es una planta que está en el piso, es una que creció en una de las paredes del muro exterior. “Esa planta es muy simbólica, muy fuerte”, me dice mirando hacia arriba con un brillo especial en los ojos.


Consultas y más información
Ing. Federico Castoldi
castoldi.federico@inta.gob.ar
Agencia de Extensión Rural Bahía Blanca
INTA – Estación Experimental Agropecuaria Bordenave

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina
    • Buenos Aires
    • Bahía Blanca