11 de Diciembre de 2019
Noticia

Perspectiva de género y cambio climático

El cambio climático impacta en todo el mundo. Pero afecta más a las mujeres y niñas. Y tiene consecuencias graves en los países con altos índices de desigualdad y pobreza. ¿Con qué lentes se escriben los proyectos de desarrollo rural que abordan la adaptación?

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Hay escasa investigación. Pero la evidencia empírica es irrefutable: el riesgo, la amenaza y la exposición ante los eventos del clima, resulta mucho más virulenta en regiones con altos índices de inequidad, pobreza y desigualdad de género.  Se sabe que las mujeres y los hombres no son grupos homogéneos. Se sabe también que los impactos del clima no los afectan del mismo modo. Pero se desconoce de qué modo las desigualdades de género exacerban los impactos negativos del clima, sobre todo en las poblaciones rurales y periurbanas.

Algunos datos son reveladores: los servicios de extensión agrícola son accesibles sólo para el 5% de las mujeres que conforman la fuerza laboral agrícola en los países en desarrollo. Pero, vaya paradoja, son las mujeres las que producen el 60% de los alimentos en varios de esos países. Sobre ellas impacta más la pérdida de cosechas, la escasez de agua y combustible, los desastres naturales, las enfermedades, los desplazamientos y los conflictos ambientales. En las áreas rurales más vulnerables, son las mujeres y niñas quienes pasan entre 2 y 8 horas por día recolectando agua, combustible y forraje, además de ocuparse de las tareas de la cocina. Cuando hay enfermedades, o desastres naturales las mujeres y niñas experimentan una carga cada vez mayor, por el cuidado de jóvenes, enfermos y ancianos; con limitaciones o falta total de acceso a los servicios de salud. ¿Qué hacen, entonces, los proyectos de desarrollo de los organismos público-privados para incorporar la perspectiva de género en sus intervenciones? Para responder a esta pregunta, que merodea en los bordes de muchos diseños metodológicos que dejan siempre para después el enfoque de género, se convocó a especialistas, productoras, extensionistas e investigadores a Taller de intercambio sobre Género y Cambio Climático.

El encuentro se llevó a cabo el 3 y 4 de diciembre de 2019 en el Jardín Botánico  del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias  (CNIA INTA). Fue organizado por el IICA y el INTA en el marco del Programa de Producción Resiliente de Alimentos que financia EUROCLIMA+. El objetivo: intercambiar conceptos, ideas y vivencias sobre adaptación al cambio climático, para elaborar una estrategia de abordaje en el proyecto de Producción Resiliente de Alimentos, que ejecuta el INTA de Argentina y el CIPAV de Colombia.

Preguntas Incómodas

Marisa Fournier es socióloga y docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Y propuso en esta capacitación conceptualizar las políticas y los proyectos con enfoque de género. Lo primero que hizo es desandar aquellos conceptos normativos que se presentan como verdades universales y que se construyen a través del parentesco, la economía y la organización política.

 “El género es un primer campo, a través del cual, en el seno del cual, o por medio del cual, el poder es articulado. Para que la violencia física, la negación a la autonomía personal, la discriminación laboral, la inhibición a la propiedad de la tierra se ejerza; es necesario que la sociedad haya inferiorizado y vulnerabilizado a quien la padece”.

¿Por qué lo diferente deviene desigual?  Lo que propone Fournier son una serie de interrogantes que deben formularse a la hora de elaborar proyectos. Son preguntas que tienen que ver con cuatro verbos, es decir, con cuatro acciones: jerarquizar, reconocer, redistribuir y remunerar.  Incómodas, es verdad, pero necesarias. Sostiene que reflexionar en clave de género es el modo en el que se deben encarar los proyectos vinculados a la sostenibilidad ambiental. “Esto incidirá en la sostenibilidad de la vida humana y la garantía de la diversidad ecológica, cultural, sexual. En las coordenadas actuales del capitalismo global hay una tendencia a la homogeneización, que se solapa con un disfraz: la diversificación del consumo. Nosotras apuntamos a una diversificación en la producción misma, con una perspectiva feminista que incluye la mirada de género sobre los procesos de desarrollo”.

De las brechas y omisiones al empoderamiento

Tormentas, granizo, lluvias furiosas, vientos arremolinados en La Plata. Sequías e incendios Traslasierra, en los montes nativos de Córdoba. Cenizas volcánicas y sequías recurrentes en la meseta Patagónica. ¿Qué medidas toman las productoras ante estos riesgos? El clima cambia para todos, pero la desigualdad y la pobreza agiganta las brechas de género.
 
¿Qué cambió en el clima, quiénes están más en riesgo, qué sería necesario hacer, qué pasa con el hábitat, cómo actuar?.

Para dar testimonio de esos cambios aquí están Julieta Chincha, Justina Flores, Graciela Canizares,  Santusa Vilca, y María Contreras Nahuelcheo. Son productoras con trayectoria en sus organizaciones. Pertenecen a la Unión de Trabajadores de la Tierra, el MTE-Rama Rural ( Cordón Hortícola de La Plata, Florencio Varela y Berazategui, Buenos Aires) y de la  Asociación Nehuen Ñuque Mapu (Zapala, Neuquén).

Son ellas quienes mejor pueden orientar el diseño de un proyecto que incluya la perspectiva de género para la adaptación al cambio climático. Y lo que cuentan es la vida cotidiana, las estrategias frente a las inclemencias del clima, la mirada de género que incorporan de a poco en sus organizaciones. “Nosotras somos promotoras de género. Hacemos acompañamiento a la mujer violentada. En la quinta, el día a día es muy duro, en la ciudad no se ve. Las productoras trabajamos a la par del hombre, pero tenemos además todas las tareas de la casa.

Nosotras armamos la secretaría de género en la UTT a partir de la necesidad del cuidado de nuestros niños. Así es como logramos hacer un jardín maternal, porque los de la escuela pública no alcanzan, y si no, los teníamos que llevar a la quinta, o dejarlos solitos y encerrarlos porque si haces producción convencional es un peligro que estén en contacto con los remedios. Pero si los dejas encerrados en las casillas se puede incendiar. Ahora en el jardín tenemos nutricionista y le damos comida agroecológica”, explica Julieta de la UTT. La cercanía geográfica y la organización les permite a estas mujeres del cordón hortícola de La Plata acompañarse mutuamente en los tiempos difíciles, buscar soluciones conjuntas y solidarias, hacer deportes, seguir estudiando, plantear estrategias hacia una equidad de género organizacional. En cambio, la realidad patagónica, caracterizada por las distancias entre chacras y campos, sumado a la rigurosidad climática de la región, no facilita estos espacios de encuentro y empoderamiento entre mujeres.

“A nosotras la producción agroecológica nos ayuda a adaptarnos al cambio climático”.

“Nuestras compañeras son muy tímidas, detectamos muchos problemas de violencia y hoy tenemos un gran espacio para las mujeres en nuestra organización”, advierten Santusa y Graciela, del MTE-Rural. 

- Mami por qué no nos vamos de acá? ¿Cuándo me vas a hacer una casa?, son algunas de las demandas que les hacen los hijos a estas quinteras, cuando el agua irrumpe en la casilla y tienen que levantar todo del piso, y se les mojan los colchones y se les colapsan las zanjas, y se les enferman las niñas y niños.
 
Las productoras cuentan que cuando hay tormentas no sólo peligran sus invernáculos y se inundan las quintas, y las casillas y las precarias letrinas. También las calles que bordean los predios. Entonces los micros no entran a la zona, los caminos se anegan, los chicos llegan sucios a la escuela porque se embarran caminando por esas calles imposibles: “cuando se inunda se jode toda la verdura, en realidad cuando se inunda se jode todo y para ahorrar una moneda por ahí no comes”, explica Justina.

María, por su parte, cuenta la situación en la Patagonia, donde el clima desconcierta y vuelan vientos donde había calma. Hace calor donde hacía frío y viene el frío donde imperaba el calor. En la Patagonia, dice María, el tema central es el acceso al agua. “Si no hay nieve en la cordillera no hay agua en el verano”. Cuenta que en la zona norte de Neuquén lo que predomina es la ganadería. “En la veranda trabaja toda la familia con arreos van del bajo a lo más alto porque faltan las pasturas y los animales suben donde hay comida. Pero son contados los hombres que ayudan a las mujeres. El hombre sólo trabaja con el ganado, la mujer con la huerta, la casa, la familia, la esquila, las pariciones, el forraje y el alambrado.  Una mujer campesina sabe hacer todos esos trabajos. Pero el hombre no se lo reconoce y siempre es él varón el que toma las decisiones”.

Quién cuida a las que cuidan

Los datos de la vida cotidiana que cuentan estas cinco productoras son corroborados por la socióloga e investigadora del INTA, Luciana Muscio: “Las políticas de cuidado son un eslabón fundamental en la lucha contra la desigualdad de clase y de género. En el caso de las mujeres rurales, la intensidad del trabajo productivo y la casi exclusividad del trabajo reproductivo y de cuidado, vuelve su jornada laboral más extensa que las de sus pares urbanas. La necesidad de la presencia del Estado, brindando herramientas de política pública que apunten a brindar asistencia y servicios de cuidado para los ciudadanos dependientes (niñes, ancianes y enfermes) es una cuenta pendiente, ineludible si lo que se pretende es bregar por la igualdad y el acceso a derechos de los sectores populares”.

Y son estas cuentas pendientes las que aborda Kelly Witkowski, del IICA en la capacitación. Es ella quien aporta, vía teleconferencia:

Datos contundentes relevados por organismos internacionales. Detalla cómo los impactos negativos del cambio climático se agudizan y condicionan el desarrollo, e indica por qué es de suma importancia que los programas rurales y las políticas públicas del sector consideren los factores de cambio climático, agricultura, seguridad alimentaria, pobreza y desigualdad para que las acciones contra la vulnerabilidad y riesgo logren tener impactos transversales y multidimensionales, pero diferenciados para hombres y mujeres.

Al cierre de las jornadas, Edith Obschatko, de IICA Argentina, reafirma que el testimonio de las productoras y las charlas de las expertas ponen en evidencia dos cuestiones importantes: “que la mujer tiene mayor sensibilidad para cambiar las pautas de consumo y promover la biodiversidad. En este Proyecto de EUROCLIMA+ estamos como socios estratégicos junto al INTA. Y estamos aquí en este taller para hacer aportes técnicos. Ahora el gran desafío es acordar que nuestras acciones tengan perspectiva de género y visualicemos a las mujeres como agentes de cambio, movilizadas y participativas”.

En el libro Mujeres luchadoras, que acaba de editar el IICA, la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica de las Nacionaes Unidas para América Latina y el Caribe, Alicia Bárcena, sostiene que el desafío global y regional al 2030 requiere desatar los nudos de la desigualdad de género. “Se trata de transitar de la desigualdad socioeconómica y el crecimiento excluyente hacia estilos de desarrollo que garanticen la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres”. Lo cierto es que los conocimientos y destrezas de muchas mujeres siguen invisibilizados. Más aún:  cuando los drásticos efectos del cambio climático en la agricultura han exigido fuertes medidas de adaptación para alcanzar la seguridad alimentaria y económica, muchas de las estrategias dependieron fundamentalmente de los conocimientos y experiencias de las mujeres. Son ellas las primeras en animarse a utilizar cultivos resilientes para incrementar la agrobiodiversidad y adaptarse a un clima cambiante. Sin embargo, sus demandas permanecen ausentes en buena parte de las intervenciones agrícolas.

“El proyecto nos presenta una oportunidad a nivel institucional, porque el tema aún está en el plano de los emergentes”, advierte la investigadora del INTA Edurne Battista. “La pregunta que aparece, con toda esta información adquirida, y el intercambio con las mujeres rurales es ¿cómo definir acciones concretas en la planificación de nuestros proyectos y qué instrumentos generamos para medirlos en el tiempo? Es un desafío y el proyecto debe pensarse como disparador, para que al final del recorrido contemos con herramientas, investigadores y técnicos formados en la temática”. Como sugiere la titular de la CEPAL: La tarea es inmensa y es ya.

Para más información:

Referencias

Localización geográfica:
    • Argentina
Personas mencionadas: