19 de Octubre de 2015

“Suelos sanos, producción sana y un futuro sustentable”

Bajo ese lema se dio comienzo al Seminario de Suelos Agropecuarios que congregó a especialistas en el tema en el marco de la Semana de la Agricultura, Ganadería y Pesca en INTA Castelar. Los especialistas del INTA, Daniel Buschiazzo y Miguel Taboada, participaron en la jornada con destacadas exposiciones.

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“Esta jornada es importante para seguir construyendo una  nueva visión para los suelos” manifestó en la apertura el director del Centro de Investigación de Recursos Naturales, Pablo Mercuri. Y prosiguió “el Instituto de Suelos es el más antiguo y el que tiene el promedio de edad más joven”. En este sentido, el director del CIRN afirmó “estamos construyendo en red una nueva visión para promover suelos sanos, todo lo que tiene que ver con calidad del suelo, producción sustentable, con concretar las bases de datos de cartografías de suelos en nuestro país”.

Por su parte Gabriel Delgado, Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, expresó  su agradecimiento al Centro Nacional de Investigación  Agropecuarias que permitió que la Semana de la Agricultura se desarrolle en su predio. Profundizó sobre los conceptos que validan las buenas prácticas, donde destacó “el correcto uso de suelo y agua, atendiendo las cuestiones ambientales, entre otras temáticas de importancia”.  Entre las autoridades de INTA presentes en la mesa de apertura se encontraban  también el Director Nacional, Eliseo Monti,y el director del Centro de Investigación en Agroindustria (CIA), Jorge E. Carrillo.

 

La dinámica de la jornada fue ágil y fluida y la ponencia de Daniel Buschiazzo “El suelo es un recurso no renovable, ¿cómo están nuestros suelos?” marcó el ritmo que asumirían los restantes expositores.

 

En su descripción del estado de los suelos agrícolas de la Argentina, Buschiazzo aludió al Programa Suelos del INTA, creado en el año 2014, y sus aportes más relevantes para prevenir y revertir los procesos de degradación de suelos en nuestro país.

Partiendo de un diagnóstico realizado en el marco del citado programa, enumeró los principales procesos que inciden en  la degradación de los suelos: extracción de nutrientes en las zonas húmedas más productivas, sodificación y solidificación asociado al riego complementario,  acidificación producida por la aplicación de fertilizantes y, por último, a las erosiones de tipo hídrica y eólica.

Posteriormente, habló de los procesos de erosión hídrica y eólica detectados en la zona de transición entre el desierto y la zona netamente agrícola de nuestro país y destacó: “Tanto la erosión hídrica como la eólica han sido identificados como procesos irreversibles de degradación de suelos, cuando ocurren estos procesos, los suelos no vuelven a ser los mismos”.

Para ejemplificar sobre los efectos de la erosión eólica, el especialista relató una experiencia en primera persona sobre una tormenta de polvo que atravesó en el sur de la provincia de Córdoba y habló sobre los accidentes de tránsito, las enfermedades respiratorias, la degradación de la superficie y la erosión del material fino con la consecuente aparición del desierto.

Respecto a los procesos de erosión hídrica aludió a los efectos producidos por los sistemas de labranza convencional como a los de siembra directa, destacando los efectos ambientales adversos como la aparición de cárcavas, entre otras manifestaciones.

Seguidamente, Buschiazzo esbozó las dos grandes metas elaboradas por los especialistas del programa para prevenir este tipo de erosiones: por un lado, desarrollar y adoptar modelos predictivos que permitan calcular qué ocurrirá con estos procesos en modelos simples; y, por otro lado, desarrollar mapas de riesgo sobre la base de esos modelos y así poder realizar aportes para el ordenamiento territorial.

En la parte final de su presentación, describió el modelo de erosión eólica de libre disponibilidad desarrollado por el Programa Suelos del INTA, denominado EWEQ, cuya puesta en práctica ha permitido diseñar mapas de riesgo para todo el territorio nacional. En este sentido, hizo mención a un libro de pronta salida, editado por Roberto Casas, en que presentarán el capítulo: “Mapas de riesgo, erosión hídrica y eólica en la Argentina”.

En relación con la erosión hídrica, los integrantes del programa trabajan en un modelo desarrollado originalmente para la provincia de Entre Ríos pero que permite su extrapolación a otras provincias,  destacando que la subsede de ese proyecto se encuentra en el INTA Castelar.

 

Asegurar la seguridad alimentaria

Por su parte, en su disertación “Suelos sanos como oportunidad para la buena nutrición y alimentación”, Miguel Taboada explicó la relación que existe entre seguridad alimentaria y suelos sanos.

En este sentido, Taboada detalló las funciones esenciales que posee un suelo y que le permiten proveer alimentos sanos, las amenazas a esas funciones y, finalmente, cuáles pueden ser las estrategias basadas en los suelos para asegurar o aumentar la oferta de alimentos sanos.

Como punto de partida, utilizó el concepto de seguridad alimentaria establecido por la FAO: “Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos en cantidad y calidad suficientes, inocuos y nutritivos para una vida activa y sana”.

Seguidamente, habló de la salud o la calidad de los suelos “como la capacidad continua que tiene un suelo para funcionar como un ecosistema vivo, vital, que sostenga la vida de las plantas, los animales y los seres humanos”.

Según Taboada, la capacidad continua que tienen los suelos para funcionar depende de cinco funciones esenciales: la regulación del agua, el mantenimiento de la vida vegetal y animal, el filtrado y la amortiguación de eventuales contaminantes, el ciclo del carbono y de los nutrientes y, por último, la estabilidad física y el soporte.

De esas funciones esenciales, destacó el especialista, solo una posee valor de mercado y es la que se relaciona con la capacidad de dar buenos rendimientos; es decir, la que ofrece el mantenimiento de la vida vegetal y animal.

Por otra parte, se preguntó: “¿Cuáles son las amenazas a la salud de los suelos para la provisión de alimentos? Son todos los procesos que impiden que las cinco funciones esenciales se cumplan adecuadamente y que son, fundamentalmente los procesos de degradación de suelos”.

Acto seguido, diferenció los de tipo irreversible o de difícil reversibilidad, de aquellos que son de más fácil reversibilidad.

Entre los primeros mencionó la erosión de los suelos, la salinización y alcalinización, el sellado y la urbanización, los procesos de contaminación; mientras que, entre los últimos destacó la pérdida de biodiversidad, la compactación, los procesos de anegamiento y el desbalance de nutrientes.

Según Taboada, el más grave de todos estos procesos, en relación con la seguridad alimentaria y la salud de los suelos, es la erosión hídrica y eólica.  Detalló las pérdidas en dinero, en tierras y en alimentos que ocasionan estos procesos en el mundo y precisó: “Si lo proyectamos hacia el año 2050 vamos a perder 150 millones de hectáreas de suelos si esto no se para de alguna forma. Eso va a comprometer seriamente la seguridad alimentaria”.

En nuestro país, la erosión ha afectado de manera leve, moderada a grave a las 60 millones de ha de suelos aptos para uso agrícola y ganadero. En este sentido, Taboada destacó: “Son 25 millones de ha. los que están afectados por problemas que son de moderados a severos”.

A modo de ejemplo, se refirió al fuerte incremento de las superficies cubiertas por sales o suelos sódicos debido al cambio en el uso de las tierras en el NOA y en el Chaco y a la relación entre los anegamientos y la forma en que se cultiva la soja, con la aparición de estructuras de suelo de mala calidad.

Por último, se refirió a los serios riesgos de que la demanda global de alimentos no pueda ser afrontada por pérdidas de productividad de los suelos y por pérdida de suelos agrícolas sometidos a procesos irreversibles de degradación, viéndose comprometida seriamente la seguridad alimentaria del planeta.

Afortunadamente, según Taboada esto puede ser contrarrestado por prácticas que tiendan a la restauración de los suelos. Las estrategias son: evitar pérdidas de productividad debido a la degradación y restaurarla donde sea posible; cerrar brechas de rendimiento; asegurar usos y manejos del suelo que mantengan el uso de reservas de carbono y biodiversidad; aumentar el uso y eficiencia de los insumos agrícolas y limitar el uso de tierras destinadas a biocombustibles y bioenergía.

La jornada contó también con la presencia de reconocidos especialistas en la materia: Adrián Andriulo –Coordinador PN Suelos-, Fernando García – IPNI-, José Luis Tedesco y Alejandro Petek –AAPRESID-, Luis Wall – CONICET-, Daniel Liggier – INTA-, Verónica Piñero –INTA PROHUERTA-, Gustavo Tito –director de la EEA AMBA-, y Diego Cosentino –Asociación Argentina de Ciencias del Suelo-.