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Jose Eduardo, Rossi

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La existencia de heterogeneidad ambiental, provoca que algunas variedades (genotipos) de soja tengan un determinado comportamiento en ciertos ambientes y diferente en otros. Esta respuesta diferencial de los genotipos (G) a través de los ambientes (A) es la llamada “interacción GxA” y es lo que complica el proceso de evaluación y recomendación de las variedades a sembrar.

Es importante conocer el comportamiento de distintos cultivares existentes en el mercado frente a diferentes ambientes (determinados tanto por el clima como por el tipo y manejo de suelo) a la hora de decidir qué y dónde sembrar. Es por esto que toman mucha importancia los ensayos en red, donde un conjunto de variedades se evalúa en múltiples ambientes. Esta estrategia representa una buena herramienta para identificar adaptaciones de genotipos en sentido amplio (a través de los ambientes) como también específico (para cada ambiente o grupo de ambientes particulares).

El conjunto de genes de un organismo se conoce como genotipo. Una variedad de trigo es un genotipo de trigo seleccionado por atributos para la producción. Sin embargo, los atributos por los que se selecciona una variedad (rendimiento, sanidad, calidad, etc.) no dependen sólo de los genes que constituyen al genotipo sino que también son el resultado del ambiente en el cual se desarrolla el cultivo y la interacción entre el genotipo y el ambiente (IGA).

El sorgo granífero es un cultivo que posee la habilidad de crecer en áreas donde las condiciones de suelo y de precipitaciones son limitantes para el crecimiento de otros cultivos de verano. Esta característica hace que sea una alternativa interesante en planteos tanto agrícolas como agrícolas ganaderos en ambientes con algunas limitaciones ambientales para el normal crecimiento de otros cultivos.

Resultados de la Red de híbridos de sorgo granífero del Sur de Santa Fe.

El centro-sur de la provincia de Santa Fe se caracteriza por tener tierras de alta capacidad productiva (clases I y II de Capacidad de Uso). Dentro de la provincia es la zona agrícola por excelencia, abarcando una superficie de 3.604.000 ha. Entre los cultivos de uso actual predomina ampliamente la soja, llegando a ocupar este cultivo más del 70% de la superficie total (Giorgi et al., 2008). Si bien es un área relativamente homogénea en cuanto a tipo de suelo, existe una gran diversidad de ambientes productivos debido a la interacción entre las distintas historias de manejo de cada lote en particular y la gran variablidad inter e intra anual de las variables climáticas que más influyen sobre el crecimiento y rendimiento final del cultivo (Bacigaluppo et al, 2011).

El sorgo granífero es un cultivo que posee la capacidad de mantener niveles satisfactorios de rendimiento en granos y biomasa importantes aún en ambientes con ciertas restricciones que dificultarían el crecimiento de otros cultivos graníferos estivales. Esta característica lo posiciona como una alternativa tanto en planteos agrícolas como agrícolo-ganaderos, en muchos ambientes de la provincia de Santa Fe, en los que la calidad de los suelos constituye una limitante para cultivos más exigentes.

En Argentina la superficie sembrada con soja supera el 50% del área con cultivos agrícolas y en la Provincia de Santa Fe ocupa el 70% del área total sembrada y aporta aproximadamente el 25% de la producción total del país, por lo tanto es relevante para la economía provincial contar con herramientas para diagnosticar y corregir problemas en el manejo nutricional de este cultivo.

La tendencia de la agricultura de hoy es hacia los planteos de intensificación, en los cuales el maíz puede jugar un rol fundamental. Tanto el trigo como las legumbres, ocupan un área cada vez mayor en los esquemas de secuencia de cultivos del sudeste de Santa Fe (Prieto y Vita, 2010), y las alternativas de cultivo estivales sucesores son soja o maíz.

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