09 de Septiembre de 2015
Informe

PEA² Argentina Líder Agroalimentario 2010-2020

Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial, Participativo y Federal, 2010-2016 (PEA ), en el marco del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (MAGyP). El Estado nacional, a través del MAGyP, pretende promover por medio de políticas públicas, una visión compartida de la Argentina Futura.

Compartir
+A -A

Argentina Líder Agroalimentario. Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal 2010-2020,  Metas 2020 para el Sector Agroalimentario y Agroindustrial argentino.

 

Los productores rurales argentinos son el epicentro de un proceso de transformación que no sólo se entiende por el cambio de paradigma tecnológico, por ejemplo al pasar de un esquema de labranza convencional a la adopción masiva de la siembra directa, sino también por el proceso de reconversión organizacional que han vivido.
 

El sujeto agrario del siglo XX era el productor rural que concentraba en sí mismo la propiedad de la tierra y las maquinarias, poseía el capital necesario para enfrentar las campañas de siembra (o bien asumía la deuda) y era el responsable de la gestión agrícola y empresarial de su producción.

 

En los inicios del siglo XXI, este formato ha ido cediendo y dando lugar a la aparición de dos 2 modalidades de organización productiva, que algunos pretenden ver de manera antagónica. El PEA , en cambio, generará condiciones a fin de que estas dos modalidades puedan convivir en un futuro cercano.

 

La primera de ellas se encuentra centrada en una compleja red de agentes vinculados por una multiplicidad de contratos, donde los riesgos se reparten y se incrementa la interdependencia en la toma de decisiones. En ésta, se separa la propiedad de la tierra de quienes desarrollan las actividades (las empresas de producción), a la vez que se subcontrata parte sustantiva de las operaciones. Esto convalida la fuerte presencia de contratistas y proveedores de insumos como agentes económicos de la red productiva. La nueva forma de organización: i) desdibuja las fronteras entre “lo primario”, industria y servicios; ii) amplía el conjunto de agentes económicos involucrados en la producción; iii) rebalancea el poder en los procesos de generación y captación de rentas; iv) redistribuye el riesgo; v) aumenta la vinculación de la actividad con el resto de la economía.

La segunda modalidad de organización presentada se basó en la tradicional integración vertical de actividades, donde si bien el agricultor continua siendo el epicentro de la toma de decisiones; también se ha transformado generando predominantemente valor agregado en origen, asociatividad que promueve una fuerte integración de los diversos eslabones y actores componentes dentro de un complejo productivo, cooperativismo que refuerza los lazos solidarios para generar al mismo tiempo economías de escala y permanencia del productor al frente de su establecimiento agropecuario que, produciendo de manera innovadora con tecnología apropiada, garantiza el arraigo, el sostén de las tendencias socioculturales, el empleo y la ocupación del territorio.

El modelo de la nueva agricultura argentina ha sido objeto de análisis por parte de los principales centros de estudios agrícolas del mundo. Las empresas rurales locales se han convertido en “casos” analizados y debatidos desde Harvard hasta el International Food & Agribusiness Management Association (IAMA).

 Productores argentinos

Este nuevo productor rural del siglo XXI puede ser caracterizado teniendo en cuenta los siguientes parámetros:
 
- Una actitud claramente positiva hacia la incorporación de tecnología. La tasa de adopción por parte de los productores argentinos fue particularmente alta. En el sector agrícola desde la siembra directa hasta la agricultura por ambientes, pasando por la biotecnología o la maquinaria de precisión, o la evolución creciente de los sectores vitivinícola, avícola, entre otros.
 
- Una neta vocación por la productividad. Sin subsidios de ningún tipo busca maximizar su beneficio económico para lograr mayores rindes en sus producciones.
 
- Capacidad para asumir el riesgo. Contemplar las contingencias de la agricultura, es decir, la incertidumbre climática, la volatilidad de los precios o la dinámica de los mercados forma parte de la cultura del productor argentino.

- Lejos está de buscar refugio en el paraguas de la protección estatal; por el contrario, acepta el juego de integrar una cadena global agroalimentaria.

- Incorporación de conocimiento para la gestión. En forma creciente, el productor posee formación profesional en el área, incluso de posgrado. Por otra parte, este conocimiento no queda limitado al específicamente agropecuario, sino que se expande al management empresario o los aspectos organizacionales de la gestión.

- Innovación y motivación emprendedora. El sistema agropecuario argentino ha desarrollado respuestas ingeniosas a sus desafíos, tales como el desarrollo del almacenamiento de granos en silos bolsas. Y no solo lleva adelante estas soluciones; también “exporta” el conocimiento hacia otras regiones agrícolas del planeta.

 

Por otra parte, el productor competitivo ha sido el responsable del crecimiento de la agricultura en regiones extrapampeanas, generando riqueza y valor local e incluso traspasando las fronteras hasta convertirse en generador de Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) transnacionales.
Empresas agroalimentarias de estructura familiar se han convertido en “multinacionales de bolsillo”, al llevar los productos argentinos al mundo. Al respecto, es posible citar los sectores de los vinos, los cítricos y las golosinas, entre otros.
 
En el contexto de estas transformaciones, se replantea el sentido y la instrumentación de futuras estrategias de inserción externas, en pos de captar mayores rentas internacionales y aplicarlas al proceso de desarrollo interno, promoviendo el Estado Nacional políticas de desarrollo territorial en un proceso de reconfiguración del sistema productivo que permita crecer con mayor valor agregado, en particular en origen, a fin de desarrollar una agroindustria que a su vez tenga los medios para generar empleo para muchos, en contextos territoriales que posibiliten una nueva ruralidad: un interior rural con más pueblos y pequeñas ciudades integrado a la economía nacional, que revalorice el lugar de la juventud trabajadora, la convoque y la integre a la producción y al crecimiento, con mejora en las condiciones de vida que implica trabajo en el lugar, educación, salud, alimentación, vivienda, caminos e infraestructura.
 
Esta nueva ruralidad debe equilibrar el modelo de la agricultura industrializada de gran escala que se asienta en la concentración del capital a nivel global, y que habrá de consolidar a la Argentina como líder mundial agroalimentario y agroindustrial, con los objetivos estratégicos socioculturales y ambientales, en términos de asegurar el abastecimiento del mercado interno y el acceso a los alimentos para todos los argentinos, impulsar la producción con más productores, promover el arraigo de la población rural y el empleo agroindustrial, incrementar la seguridad y la salud en el empleo rural, fomentar la responsabilidad social empresaria y contribuir al cumplimiento de las metas locales de los Objetivos del Milenio (ODM), preservar el ambiente y recuperar en valor los bienes agropecuarios.
 
En última instancia, desde esta visión se plantea como objetivo la necesidad de generar condiciones adecuadas para la generación de riqueza con desarrollo social, organizacional, ambiental y humano de todos los territorios que conforman el país, priorizando la equidad, la inclusión, el arraigo, y el respeto a la diversidad cultural.
 

Publicado originalmente: Minagri PEA 2020

Referencias

Áreas geográficas alcanzadas
    • Argentina